Con lo del ‘Nuevo Normal’ se están imaginando mil y un soluciones para volver a tener restaurantes, conciertos y actividades públicas. Las más, son bastante poco prácticas. De las encantadoras como el restaurante Mediamatic en Amsterdam haciendo unos pequeños ‘cubículos’ de vidrio y metal para que cada comensal o pareja tenga su propio ‘mundito aparte’… hasta las poco realistas como soltar una cúpula sobre cada silla para poder cenar cada quien en su capullo de vidrio. 

Un restaurante donde no haya mesero -sin tapabocas para contaminarte desde arriba-, donde no hay comensales, donde la asepsia lo vuelve un espacio clínico de protección… ¡Ya existió! y tiene más de 100 años de existencia.

Aunque surgieron en Nueva York como una característica de modernidad y atractivo turístico, los llamados Automat sorprendentemente también existieron en México. A principios de la década de los setenta el último quedaba en el Centro Histórico en la calle de 16 de septiembre uno podía entrar y ver las paredes de aluminio con cientos de ventanitas. Cada pared estaba destinada a las sopas, los guisados, los postres. Y junto a cada ventanita había la ranura para meter una moneda. Detrás estaban las cocinas y continuamente producían platillos. Cambiabas dinero en la entrada y con tu cambio te llevabas a la mesa todo un menú recién preparado. Las mesas en hileras no tenían compañero alrededor. 

Concepto de innovación que una compañía EATSA abrió con restaurantes sin personal -solo una pared con ventanitas- que justo antes de que empezara la crisis del COVID, cambió de nombre a Brightloom y entonces… que la compra Starbucks. 

Ya se veía venir, cuando en Europa y algunas zonas de Estados Unidos los McDonalds se convirtieron en unidades totalmente automatizadas donde no hay nadie que te atienda: solo unas pantallas táctiles gigantes donde le picas, escoges, pagas y en un mostrador recoges. Lo que suena super aséptico pero enfrentó el problema que una vez analizada todas las pantallas demostraron estar contaminadas con caca. 

Ahora la dirección será como poder ocultar la presencia humana, apuntando a una nueva versión del ‘Fast Food’ para convertirlo en ‘Nobody Food’. Un ideal que en los primeros meses del nuevo normal será un factor de convencimiento para el consumidor asustado de cualquier vaho, de cualquier respiración ajena sobre sus nuggets. 

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