Marketing invisible

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El que no enseña, ¿no vende? Yo no estaría tan seguro. Son muchas las estrategias que, sin mostrar o comunicar de manera evidente un producto o servicio, logran vender a manos llenas. Lo llamamos marketing invisible.

Pensemos, por ejemplo, en todas esas campañas de marketing farmacéutico que mueven literalmente millones de dólares alrededor del mundo. En esos productos que quizá no tengan las grandes pautas en medios masivos o digitales, pero si una buena inversión en los líderes de opinión (médicos) de su mercado meta. 

Analicemos también el marketing de todos los productos que son promovidos y vendidos a través de redes de mercadeo. Sin ninguna presencia en puntos de venta, grandes canales de distribución o medios publicitarios, pero si con una muy fuerte inversión en planes de comisiones, congresos y viajes de incentivo.

También en muchos productos y marcas que llegan a nosotros de manera indirecta, ya sea mediante programas gubernamentales, por alianzas con otros productos o servicios, como alianzas entre productos de belleza y hoteles por ejemplo, o marcas que simplemente no usan los medios convencionales para estar no sólo en nuestra mente, sino incluso, en la intimidad de nuestra vida cotidiana.  

Están además todos esos ejemplos de compañías que emplean influencers, personalidades o simplemente ejércitos de gente muy atractiva en eventos y lugares públicos para interactuar con sus marcas de manera orgánica. 

Sin embargo, el marketing invisible va mucho más allá, y su modalidad más poderosa es aquella que echa mando de una muy buena historia para entrar en nuestras mentes como cuchillo en la mantequilla. Sin obstáculos ni objeciones. Aquella que emplea temas emocionales que son como caramelos para nuestra atención, como es el caso de la felicidad, la superación, el camino del héroe (aquel que va del fracaso al heroísmo en una historia lineal), la amistad y por supuesto, el muy eficaz amor triunfante. 

Finalmente, son las historias las que compramos, o las que pretendemos adoptar mediante ese producto o servicio, que en realidad es sólo un vínculo para llegar a donde queremos, ya sea reflejar cierto status, resolver un dolor o necesidad,  o encajar en un determinado grupo social. Es decir, lo que realmente deseamos es ir de un punto A, a un punto B. Cambiar nuestra situación actual y la marca es el vehículo para realizar ese recorrido. 

Entonces el producto no es lo más importante, incluso puede parecer invisible, pero lo que nunca debemos perder de vista es esa solución que nos van a comprar.

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