En días pasados, vi una muy buena publicación en LinkedIn sobre la historia del medicamento “Vitacilina” y su jingle (si eres de mi generación, ya lo cantaste en tu cabeza), escrita por Jorge Arturo Hernández Valle.
¿Quién es Jorge Arturo Hernández Valle? Un experto en comunicación que, además de escribir muy bien, expone temas muy interesantes en la citada red social.
El caso es que el famoso jingle de Vitacilina que Jorge incluyó en su publicación (En la casa y la oficina, tenga usted Vitacilina… ¡Ah, qué buena medicina!) me trajo súbitamente a la memoria muy gratos recuerdos: un anuncio de televisión en dibujos animados con un look retro que ahora, décadas después, tengo muy presente.
¿Pasará lo mismo dentro de 30 o 40 años con los anuncios publicitarios que vemos y escuchamos hoy?
Hubo una época en que los jingles de la publicidad televisiva eran adoptados por el alma popular para salir en las pláticas de sobremesa, brotar en los chistes entre amigos, adaptarse a dichos y, obviamente, cumplir su propósito: recordarle al comprador ciertas marcas en el momento de decisión de compra.
Hay frases musicales que siguen muy vivas en la memoria de quienes las escuchamos una y otra vez, y aún hoy no podemos evitar repasarlas:
“Estaban los tomatitos muy contentitos…” (Del Fuerte).
“Recuérdame” (Gansito Marinela).
“Póngale lo sabroso…” (Mayonesa McCormick).
“Con juguetes Mi Alegría, aprendemos y jugamos.”
“A que no puedes probar solo una” (papas Sabritas).
“Bic, no sabe fallar” (bolígrafo Bic).
“Agarra la jarra” (Bacardí)
“XL-3, adiós a la gripa en un 2 x 3…” (XL-3, ésta es más reciente).
Para las nuevas generaciones son quizá, el equivalente de las populares cantaletas que hoy escuchamos por las calles:
“¡Se compraaaan colchoneees, refrigeradooores, estufaaas, lavadoras, o algo de fierro viejo que vendaaaa!”.
“Ricos y deliciosos tamales oaxaqueñooos…”
¿Cuántos anuncios de marcas globales con presupuestos millonarios recuerdas tan bien como las dos cantaletas anteriores?
Interesante, ¿no?
¿Por qué nos impactaban tanto?
Cuatro factores clave permitieron que los jingles se insertaran con fuerza en nuestra memoria:
- Repetición sonora. En una era con pocos medios de comunicación y tan masivos como la radio o la televisión, la exposición frecuente facilitaba la adherencia de esas melodías en nuestra memoria.
- Rima. Está comprobado que las rimas son más atractivas para nuestro cerebro y las recuerda mejor (no el balde recordamos los versos y las canciones que riman).
- Asociación afectiva. La música activa áreas emocionales profundas, convirtiendo un anuncio en parte de nuestra identidad cotidiana.
- Economía creativa. Una melodía simple y repetida siempre será más efectiva y memorable que mensajes complejos.
¿Tiene sentido retomar hoy estos jingles o sloganes auditivos?
Aquí otros cuatro factores a favor:
- Memoria y awareness instantáneo. En un feed saturado, una melodía pegajosa te hace frenar el scroll.
- Posicionamiento emocional. Una melodía original crea vínculo, identidad y actitud, más allá de características funcionales.
- Versatilidad sonora omnicanal. Un jingle bien hecho funciona en TV, radio, TikTok, podcasts, Reels —incluso como audio viral.
- Diferenciación estratégica. Una marca que apuesta por música original destaca en un mar de ads digitales. Además, gracias a la IA, ya es posible producir el audio en segundos.
Retomar los jingles no es nostalgia: es una nueva era del branding con melodía, personalidad y memoria.
¿Qué opinas?
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