El pasado fin de semana tuve la oportunidad de estar en los eventos inaugurales del Hard Rock Hotel en Cancún, y con ello, también conocer el interesantísimo concepto que representa la ya legendaria lovemark en todo el mundo (nunca me había puesto a pensar en ello, aunque tengo una gran empatía por la marca desde mi adolescencia).

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La gran idea, que se hizo realidad en la ciudad de Londres hace 41 años (1971), gracias al trabajo de dos jóvenes norteamericanos: Isaac Tigrett y Peter Morton, se fundamentó en dos principios que nos pueden sonar muy obvios hoy en día, pero que a nadie se le habían ocurrido. El primero, un lugar totalmente dedicado y ambientado para aquellos fanáticos del Rock, es decir, casi todo el mundo (¿Quién, al menos en alguna etapa de su vida, no soñó con ser un gran Rockstar?). El segundo, una filosofía totalmente incluyente, el restaurante sería para todos (todos amamos la música) en una época donde había una gran discriminación: “Love all, serve all”.

Adicionalmente, sumaron una tercera filosofía: “All is one” que intuye un concepto claro, directo y contundente. Es en pocas palabras, cerrar filas para emitir un mismo mensaje, una sola personalidad.

Hoy en día, han llevado esta filosofía no sólo a sus restaurantes, también a toda su línea de merchandising y a sus hoteles. Estos últimos, al igual que los restaurantes, cuentan con una serie de servicios exclusivos para Rockstars o para quienes siempre desearon serlo.

En el hotel de Cancún por ejemplo, ofrecerán a sus huéspedes servicio a habitación de guitarra eléctrica con amplificador incluido completamente gratis, para que sus clientes puedan ensayar y sentirse como verdaderos rockstars en su cuarto de hotel. Asimismo ofrecerán un dispositivo para quienes no son tan rockeros, pero si prefieren jugar a ser DJ´s en su propia habitación. Es decir, la marca sabe bien que no sólo basta conformarse con incluir objetos y atuendos de famosos artistas en las paredes para que la gente los contemple, sino además echar mano de algunas acciones BTL para que sus clientes lo vivan y tengan una gran experiencia que los haga volver y contarlo a sus amigos.

Todo esto me llevó a reflexionar sobre la importancia de los conceptos sólidos que crecen a través del tiempo sin perder su esencia, para germinar y florecer como lovemarks. Marcas que la gente quiere no sólo por su calidad, su servicio o su tamaño, sino por todo lo que han representado en sus vidas: “All is one”. ¿Están nuestros esfuerzos de mercadotecnia, y en este caso BTL, encaminados a lograrlo, o nuestra comunicación es efímera?

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