Cambios… el desafío de los retailers

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Dice el dicho: "renovarse o morir". Y a últimas fechas hemos visto cambios en el gabinete del gobierno de nuestro país pero también en el ámbito empresarial.

Puntualmente Walmart de México ha anunciado cambios importantes. El último justo el martes de esta semana. A fines del año pasado sorprendió el anuncio de que se retiraba la cabeza de Bodega Aurrera (no sólo el negocio más grande de este grupo sino también cuando se le compara con sus competidores detallistas) José Luis Torres después de haber empezado como empacador hace 41 años. Pues bien, a principios de año se anunció también el relevo de su presidente Enrique Ostalé para dar paso a Guilherme Loureiro y esta semana se anunció el retiro de su Chief Operations Officer, Renzo Casillo. Lógicamente con la salida de Casillo se mueve el organigrama provocando más cambios. Pareciera que la constante fuera el cambio, contradictorio ¿correcto? Pero algo que la gente de esta compañía tiene claro es que los cambios se hacen cuando las cosas van bien. Walmart tuvo un buen año y con los últimos resultados que acaba de presentar se ve que también ha tenido un buen inicio de año. Y parece lógico hacer cambios cuando las cosas van bien: la resistencia es menor, la adopción de los cambios es mayor y cualquier cosa que pudiera sufrir un tropiezo es más fácil mejorarla. Hay menos frustración dado que el ambiente está motivado por los buenos resultados.

Pero como todo, siempre hay dos caras de la moneda. Cuando era pequeño e iba con mi papá de excursión a los llanos me decía: “si la llanta del coche está funcionando bien, ¿para qué la tocas? Estamos en medio de la nada, ¿cómo vamos arreglar la llanta si se daña?” Y hasta cierto punto tiene razón…

Pero lo que quiero poner sobre la mesa es que los cambios, sean grandes o pequeños, hay que llevarlos a cabo teniendo en cuenta el momento en el que los queremos hacer así como todos los riesgos que conllevan. Se puede hacer algo tan simple como una matriz para evaluar las posibles situaciones que pudieran presentarse así como la posibilidad de que ocurran y el nivel de impacto en la organización.

Si bien es cierto que no existen “los momentos perfectos”, siempre debe buscarse el mejor momento. Al final de cuentas los cambios representan riesgos y lo mejor es tratar de minimizarlos en la medida de lo posible.

Lo que sí no podemos permitir es quedarnos estáticos o paralizados. Bien dice el dicho: “el que no arriesga, no gana”. Y sobretodo para empresas de servicios. Y valga la redundancia, la diferencia la hace el servicio. En ese tipo de áreas o industrias, los cambios deben ser mucho más rápidos ya que la diferenciación está justamente en el servicio. Cuando son empresas manufactureras, cualquier cambio es más lento y hasta cierto punto, también más burocrático y un pequeño cambio puede tener un gran impacto en muchas áreas.

En conclusión, los cambios no debieran tener connotaciones negativas ni positivas. Simplemente son una evolución y debieran tomarse de la manera más natural posible. A fin de cuentas no siempre nos van a tomar parecer para llevarlos a cabo, ¿no creen?

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