Cómo afrontar los regaños en la chamba

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¿Quién en su sano juicio agradece por haber sido regañado? ¡Por el contrario!, echamos espuma por la boca de la rabia que tenemos, tanto si hay argumentos para recibir la llamada de atención[R1] como si no los hay, pues al final el juez más severo de nuestros actos somos nosotros mismos y el sentimiento de injusticia hierve la sangre.

¿Habrá algo bueno de recibir un rapapolvo? Bueno, sí, sí. Quizá te pueda reventar la cabeza y pienses que estoy loco; sin embargo, a todo lo malo siempre se le puede sacar un lado bueno. Aquí radica la experiencia que nos da un aprendizaje.

 

Aprende a perder

Como diría el amigable Tuca Ferreti, Director Técnico del equipo Tigres de la Primera División de México: “sepan perder y déjense de mam…s”. En realidad el profe Tuca tiene razón, hay que saber perder, admitir cuando tenemos culpa, que la regamos.

Pocos tienen la madurez para aceptar sus errores, equivocarse duele. Generalmente la primera reacción que tenemos ante una reprimenda es estar a la defensiva: yo no fui; …pero fulano también hizo X o Y; a sutano no le dices nada nunca; la culpa siempre es mía; y un largo etcétera de pretextos que ponemos antes de aceptar que en efecto, nos equivocamos.

La madurez implica reconocer cuando alguien tiene razón aunque ese alguien no nos simpatice del todo. Tus fallas dolerán, en algunos casos habrá pérdidas económicas, retraso en tiempos de entrega, pero debes hacerte responsable de tus acciones.

En ocasiones es mejor guardar silencio y aceptar. ¿Te pesa reconocer que tienes la culpa? Es necesario trabajar aspectos profundos de tu personalidad, en donde un psicólogo podría guiarte ya que tu forma de ser no sólo repercute en la chamba sino en la gente que te rodea.

 

A capa y espada

No todo es aceptar culpas, habrá momentos en los que ni vela tenías en el entierro. El “secreto” para defenderte es tener los pelos de la burra en la mano, o sea, cuenta con evidencia que te respalde, pueden ser mensajes, correos, fotografías, video, oficios, entre otros.

Ampárate en los reglamentos internos, ya sea de tu departamento o en general de la empresa. No se trata de ir a discutir para engrosarla, pero tampoco que te agarren de su puerquito abusando de ti o evitar que te ponga un cuatro.

 

Retroalimentación

¿Pero cuál es el propósito de las llamadas de atención? ¡Corregir! Reducir la probabilidad de cometer el mismo error en futuras ocasiones. Sí, así es, podemos resumirlo que son para mejorar.

Aunque como dicen vulgarmente: no es que me digas perro, sino la perra forma en la que me lo dices. Por supuesto importa el “qué” se dice, pero el “cómo” tiene un peso específico. No se trata de abrir la boca y sacar la espada para matar a palabras, sino de encontrar el contexto adecuado para hablarlo. Habrá ocasiones en las que se necesite hablar fuerte y otras no.

Pero ante todo tiene que haber retroalimentación, hacer ver a las personas en qué la regaron y enseñar cómo debería hacerse para evitar meter la pata en un futuro.

¡Ten la mente abierta! Recuerda que una acción puede ejecutarse de diversas formas igual de efectivas, no siempre tendrás la razón aunque seas el jefe. Ten disposición para escuchar a los demás.

 

Nada personal

Ten presente que el business es una cosa y tu relación personal con los compañeros o superiores es otra. En el jale se va a priorizar que las tareas salgan bien. Habrá ocasiones en las que te molestes incluso con aquellos a quienes consideras amigos, pero recuerda que hablando nos entendemos.

Es mejor sacar el sentimiento, ofrecer disculpas si son necesarias en tiempo. No te esperes un mes o medio año para comentarlo ya que probablemente pierda relevancia. La retroalimentación se da en tiempo para que sea efectiva.

¿Recuerdas que hablamos de la madurez? Justo aquí se refleja, no te tomes las cosas personales ya que el único afectado serás tú.

¿No te pareció algo? Háblalo. ¿Tienes rencor o algún sentimiento negativo por cómo te llamaron la atención? Exprésalo con la persona que te regañó. ¿Necesitas ofrecer disculpas porque sentiste que te pasaste de la raya el corregir a alguien? Búscalo y dáselas… ¡Háblalo, usa la comunicación!, no seas cavernícola y busques la violencia.

Aguanta vara, todos nos moldeamos así… ¡Éxito!

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