Fui ayer a una famosa cadena de cafés mexicanos que se encuentra en Coyoacán, justo a unos cuantos locales de la librería “El Sótano”, está este punto de venta que siempre está abarrotado por turistas, citadino y gente “cafeinomana”.

La verdad es que no quise formarme, me dio mucha flojera esperar 40 min por un “capuchimoka” y decidí ir a otra sucursal de la misma cadena que se encuentra a unas cuantas cuadras y me pregunté ¿por qué siempre que vengo aquí está más vacio que el otro PDV del centro?

Luego, cuando me senté en las bancas de este otro café (el que no tenía gente), me percaté que tenía puertas muy abiertas y hasta cierto punto la gente podía tener más acceso al lugar y compras sin problema, pero ¿por qué no olía tanto a café?

Llegué a las siguientes conjeturas:

Lugar abierto = fuga del aroma

Lugar cerrado, conservación del aroma = clientes, consumo y ventas seguras

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Me acordé entonces que las marcas y los consumidores establecen una relación emocional y a través de los sentidos, que igual el trato que me dieron no fue tan cordial y personalizado como el que tiene Starbucks, pero el olor fue lo primero que e atrajo hacia el primer PDV.

Vamos a tener en cuenta eso, que cuando estemos en un supermercado y el olor a pan nos haga sentir bien y con hambre de algo dulce, o cuando vayamos a una cafetería y el olor a café sea seductor para nuestra nariz, pensemos que eso es una buena estrategia para quedarnos y quizás sea hora de salir el lugar antes de que compremos media tienda.

 

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