La ética en tiempos del cólera cibernético

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El reciente reclamo de un diputado a Twitter México por el cese de su cuenta en dicha red social a causa de compartir datos personales de sus presuntos ofensores, levantó una gran polémica en las redes sociales y diversos noticieros. Por un lado, el agraviado calificó a la acción como un acto de censura. Por otro, la red social actuó conforme a las reglas incluidas en sus términos de servicio. 

Controversias aparte, lo cierto es que la ética en nuestra cada vez más colérica comunicación masiva, ahora es un tema que nos concierne a todos. 

Atrás quedaron aquellos años en los que el control de la comunicación masiva radicaba en unos cuántos. Primero, en los medios  de comunicación escritos, luego en los radiofónicos y finalmente en los televisivos. Cuando surgió el internet con diversos portales online (por lo general creados por las ya existentes compañías de comunicación) también se adoptaron reglas éticas, motivadas por el respeto a la audiencia que ganaban en los nuevos medios.

Pero después, prácticamente cualquier persona pudo tener su propio medio de comunicación. Se multiplicaron los portales, las páginas web y los blogs. Las redes sociales no sólo se sumaron, sino también abrieron un abanico de posibilidades para llegar a audiencias más amplias. Surgieron así micro-influencers, influencers y macro-influencers, personas con una audiencia considerable y en muchos casos, con influencia real sobre sus seguidores. 

Asimismo, las marcas han logrado generar grandes audiencias con las redes sociales como canales de comunicación propios y por lo tanto, demandantes de una mayor atención y cuidado por parte de quienes las representan.   

La ética y el proceder de la comunicación en las redes sociales y medios de mensajería instantánea, se ha vuelto entonces un asunto de todos. Surge la importante labor de no solo cuidar el fondo sino también las formas, así como el arte de sortear los famosos ataques de trols, que movidos ya sea por su desacuerdo, odio y amargura, suelen despotricar en contra de quienes emiten contenidos no gratos para ellos.

Pero más allá de las cuentas de marcas e influencers con un gran número de seguidores, en donde la importancia de una buena ética es evidente, la conducta en nuestras cuentas personales es también trascendental no sólo para nuestro branding personal, sino también para el de la compañía, institución, movimiento o asociación que representemos. Pensemos en ello cada vez que publicamos en las redes y también, cada vez que decidimos entrar en el infructuoso juego de un trol cualquiera. 

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