Quién se ha robado el “¿”: BTL Killed the ATL Star!

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Quién se ha robado el “¿”

Por Jaime Torres Fidalgo

Estoy consciente de que este tema no solo concierne al BTL, sino también todo el Above the Line. Es aún más amplio, se deriva de una anemia cultural que arrastra nuestra educación en el paí­s. A todos nos alarma que los mexicanos leamos una media de 2.5 libros al mes “”hey, subimos de medio libro a dos y medio, esto ya es un avance considerable””.

Pero lo que llama más mi atención es que en nuestro medio, el de la comunicación y particularmente la comunicación comercial, se presenten constantes faltas de ortografí­a. Hace algunos años aprendí­ que lo primero que debe tener un creativo publicitario BTL o ATL es buena ortografí­a y redacción. Las ideas van y vienen, pero siempre, buenas o malas, deberán ser bien expresadas para que no pierdan toda su fuerza y sean entendidas.

Pero el tí­tulo de esta columna se refiere especí­ficamente a un curioso caso en particular: La ausencia de el signo que abre la frase interrogante: “¿”.

Estimado lector, lo invito a hacer un experimento. Fí­jese en cuanto anuncio publicitario impreso pueda, que tenga una pregunta en su texto o copy y notará que al menos en cinco anuncios falta la “¿”.

¿Quién se la comió? ¿Dónde está? ¿Se trata de un complot? Incluso me he topado con comentarios que afirman que estoy exagerando al hacer esa corrección y que en inglés “”otro idioma completamente diferente”” no se usa “”imagino a Cervantes retorciéndose en la tumba, si es que todaví­a le quedan huesos enteros””.

El copy o texto publicitario, al menos pasa por tres o cuatro revisiones antes de salir a la luz. Lo escribe y revisa el copy, lo revisa el director creativo, el ejecutivo de cuenta o director de cuenta y finalmente el cliente. Es una cadena considerable como para asegurar una adecuada ortografí­a y buena redacción.

Sin embargo, no siempre es así­, damos poca importancia a la forma y más al fondo, cuando al final, esa forma se puede convertir en el fondo. Usted, estimado lector, ¿confiarí­a en la seriedad de una compañí­a cuya comunicación escrita tiene faltas de ortografí­a?

También sucede en medios electrónicos, donde los conductores o locutores pronuncian palabras o conjugaciones de verbos que no existen. Pero eso, como se mencionaba en un antiguo y memorable anuncio del IFE, es otra historia”¦

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