Priorizar la enseñanza en ciencias como estrategia de responsabilidad social

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El brote de la COVID-19 ha traído una serie de medidas de distanciamiento que, sin duda, están revolucionando nuestras interacciones sociales en todos los ámbitos. En las primeras semanas de la pandemia, 70% de las personas en el mundo se mantuvo en sus hogares, migrando sus actividades cotidianas a una modalidad remota, ya sea de trabajo o escuela.

Aunque es una realidad que la contingencia ha multiplicado el número de personas que realizan su trabajo a distancia, también es cierto que solo un porcentaje menor puede hacerlo así. Las razones de esto varían, por la naturaleza de su actividad muchas personas se han mantenido trabajando en sitio, pero para otras la falta de infraestructura, habilidades y herramientas digitales ha limitado su incorporación productiva en esta nueva realidad.

El llamado es claro. La adopción tecnológica y el fomento de habilidades son las respuestas para adaptarnos y mantener algunos de los beneficios en el largo plazo que la coyuntura ha evidenciado –tiempo de traslados, gasto de alimentos en la calle, mayor tiempo para actividades personales–. Las organizaciones que no comenzaron antes la digitalización de sus procesos fueron las primeras en verse afectadas, no solo por la incapacidad de llegar a sus clientes, sino por la falta de visibilidad sobre las prioridades de negocio, desde garantizar el flujo de caja hasta cómo capacitar a sus colaboradores para mantener la eficiencia.

El fundamento de cualquier proceso de digitalización tanto para individuos como para compañías recae en las habilidades STEM (por sus siglas en inglés ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) porque permite el desarrollo cognitivo y propicia una cultura de innovación.

Podría pensarse que la brecha digital en el país vio en esta pandemia la urgencia de cerrarla, pero… ¿realmente avanzamos significativamente en cerrar tal brecha? ¿es suficiente una llamada de Zoom para mantenernos productivos… o más aún, garantizar la motivación y productividad de nuestros equipos? ¿somo capaces de utilizar nuevas plataformas más allá de las videoconferencias? ¿es realmente una estrategia de omnicanalidad solamente vender por Instagram? Si bien, esto ha sido el parteaguas para obligarnos a utilizar herramientas digitales y salir de nuestros modelos tradicionales, debemos maximizar las oportunidades que este momento histórico nos da para cerrar la brecha de manera definitiva. 

Es tarea conjunta de autoridades, sociedad civil, y desde luego el sector privado, crear puentes y colaborar para fomentar la competitividad del país a partir de la tecnología; apoyar el surgimiento de nuevos profesionales STEM y guiar startups que hoy buscan revolucionar la manera de hacer las cosas. Este llamado no es opcional para las compañías del sector tecnológico como es el caso de SAP, por eso tomamos este compromiso como nuestro frente de batalla.

Acelerar el acceso a la educación STEM y con ello la digitalización del país, trae consigo beneficios sin precedentes que fortalecerían nuestra competitividad en el ámbito internacional. Además de cerrar otras brechas como la económica, ya que las personas que tienen formación tecnológica ganan tres veces más que el promedio; y si en esta estrategia de digitalización incluimos a las mujeres, abonaríamos a reducir la desigualdad de género.

Es por eso que hoy, mi llamado es para que más empresas y organizaciones no gubernamentales promovamos la formación STEM, y para quienes ya lo hacemos así, generemos los puntos de colaboración a fin de multiplicar los resultados. Estoy convencida que el “todo” es mayor que la suma de las partes. Porque “uno más uno” no es “dos”… es once, doce, somos todos. 

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