Si piensan que ir de compras es “pan con lo mismo” desde hace tiempo, no están muy equivocados.

Sin limitar las compras a ir al supermercado, ¿hace cuánto tiempo que no viven una experiencia nueva cuando van al banco, cuando viajan en avión, compran un auto, ropa, hacen un contrato de telefonía…?

Es cierto, las compras se han vuelto aburridísimas. ¿Dónde esta esa gente que hace marketing? Porque tenemos algunos reclamos.

Las experiencias de marca son una de las razones más poderosas por las que decidimos instantáneamente y sin pensarlo, gastas más dinero en algo.

Vivir algo diferente nos hace mantener la fe en que no todos nos dicen que tienen el mejor servicio, el mejor tiempo de entrega, el mejor cuento… las experiencias nos hacen dejar de enfocarnos en eso para enfocarnos en nuestra conexión con la marca.

¿Por qué razón pagaríamos un mundo de dinero por ir a un concierto y no la misma cantidad que por escuchar las mismas canciones bajadas de iTunes?

¿Por qué preferimos desembolsar 50 pesos por un café que preparado en casa nos cuesta 2 pesos?

¿Para qué comprar un Rolex si cualquier otro reloj también da la hora?

El valor que imprimen las experiencias en el shopper se traducen en altas utilidades para la marca.

Pero si ya sabemos esto, ¿por qué razón las marcas no están generando experiencias?

Ah pues, porque como decimos en México “¡No son enchiladas!”

  1. No hay creativos dedicados a marketing de punto de venta.
    1. Todos los creativos sueñan con cargar un premio por hacer el comercial que hizo llorar a todos y que su nombre aparezca en reportajes de revistas y en la prensa. El retail no es así de glamuroso, requiere el involucramiento de más de 2 sentidos y se mide en ventas, lo cual da mucho miedo.
  2. Los retailers limitan la ejecución.
    1. ¿A poco creen que si no ven cosas increíbles en Walmart es porque no se le ocurren a nadie? Pues no es así.  No sólo los autoservicios limitan la exhibición en el punto de venta. Las políticas de los retailers son bastante estrictas pues prácticamente nos dicen “esto no es un circo, sea usted un profesional serio y venda”. El miedo de las cadenas por convertirse en un carro alegórico o una piñata, detiene la creatividad de las marcas para ofrecerle experiencias memorables al shopper.
  3. Las marcas limitan el presupuesto.
    1. La práctica más común en las grandes firmas es que ya no te dedicas por completo a ellas, ya no las conoces a fondo, conoces un proyecto y punto final. Esta práctica se deriva de las políticas corporativas que dictan licitar los proyectos en manos del departamento de compras. ¿Y compras qué va a saber de marketing? Pues no necesita saber mucho, la verdad, porque lo único que considera para seleccionar un proveedor, es precio (no siempre pero en el 99.9% de las veces). Siendo así, hoy por hoy sobrevive la agencia que tenga proyectos no la más creativa, por lo que las propuestas de experiencia desaparecen para ir por más “pan con lo mismo”. Y esto porque ya nos la sabemos, proponemos Disney World y terminamos haciendo una Kermesse.

Y a final de cuentas qué sucede con todo esto? Seguimos yendo de compras de la misma manera que siempre, a encontrarnos lo mismo de siempre y sin voltear a ver otra cosa porque… ya sabemos que no hay nada diferente. ¿Así cómo?

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