¿En qué momento la materia prima de cualquier campaña de comunicación dejó de tener el valor que merece? ¿Por qué damos ahora mÔs valor a los medios que al mensaje?
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La comunicación comercial ha cambiado mucho, se ha perdido todo ese glamour de los aƱos sesentas y setentas donde las compaƱĆas acudĆan a las nuevas agencias de publicidad no sólo para recibir ācopiesā o propuestas de slogans por encargo, sino para tener acceso a un selecto grupo de asesores de comunicación que daban una identidad a la marca y creaban minuciosamente el mejor mensaje para que el producto trascendiera en todos los canales de comunicación que habĆa en la Ć©poca.
Hoy, y mĆ”s en el Ć”mbito de la comunicación BTL, se le ha restado valor a las ideas tanto por parte de las agencias como de las empresas. Las agencias no invierten en tener en sus filas a experimentados creativos, prefieren gente con poca experiencia, ideas frescas y sobre todo, bajo costo. Las empresas por su parte, no estĆ”n dispuestas a pagar mucho por una propuesta de āotro flashmob mĆ”sā, una acción de guerrilla que ya vieron en redes sociales y realizada en otro paĆs, o una idea que bien pudo haber concebido su propio equipo de marketing. Pero si consideran los medios, la producción de material o las horas de promotorĆa para trabajar en calle.
Esto es lógico y en principio tanto la agencia como la empresa tienen un motivo para actuar asĆ. Es, hasta que surge una gran idea (no copiada o inspirada en otra campaƱa), que Ć©sta tiene un valor Ćŗnico. Pero tambiĆ©n hace falta que las compaƱĆas (los clientes) valoren esa materia prima y aparten un pedazo del pastel de su presupuesto para tal concepto. Entonces, luego se propondrĆ”n los medios de comunicación, en función de ella y no al revĆ©s.
Para que una idea tenga el valor que merece, tendrĆ” que por lo menos cumplir con 3 principios:
1) TendrĆ” que ser fantĆ”stica. ĀæCómo saber si lo es? Justo cuando no queda duda de ello. Cuando no tiene otra campaƱa como referencia (āes como la que hizo X el aƱo pasado en Suiza…ā). Cuando objetivamente enamora a los creadores, pero sobre todo a aquellos que no saben una pizca de marketing.
2) TendrÔ que ser viable. Aquà la experiencia del creativo es donde toma valor. ¿se puede llevar a cabo con el costo y los recursos que se pueden conseguir? ¿TendrÔ efectos adversos? ¿la producción estarÔ a la altura de la idea? Todo esto debe ser considerado desde el principio
3) TendrÔ que ser redonda. Como sucede en un guión cinematogrÔfico, para que ruede bien la campaña, todo tendrÔ que estar justificado y encaminado a comunicar sólo lo que se desea. No tendrÔ que dejar dudas ni en el mÔs rústico de los receptores. Un concepto claro, inteligente y directo que no pase desapercibido.












