Del emplazamiento a otras herramientas de BTL católico

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Desde pequeño he vivido la parafernalia católica muy de cerca, por casi una década fui monaguillo, estuve en una escuela de religiosas y por un pelo de rana calva me voy por la vida sacerdotal, incluso estuve por un tiempo en el seminario de Guadalajara.

Desde pequeño he vivido la parafernalia católica muy de cerca, por casi una década fui monaguillo, estuve en una escuela de religiosas y por un pelo de rana calva me voy por la vida sacerdotal, incluso estuve por un tiempo en el seminario de Guadalajara.

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El preludio va encaminado a que se visualice el acercamiento tan estrecho que existe entre la religión y su servidor, tan es así que mi primer planteamiento de tesis para salir de la licenciatura fue: “El marketing en la iglesia”.

Luego me imaginé siendo rehén de una controversial temática y la abandone por algún tiempo, los que son asiduos lectores han de recordar el BTL previo a la visita del papá Benedicto a España y sus confesionarios móviles, los que me siguen en Twitter han visto publicados mis comentarios sobre el liderazgo del papa Francisco.

Y es que en la iglesia existe mercadotecnia en todo, hasta en lo que resulta menos pensado, los antropólogos no me dejaran mentir, los teólogos menos, pues las religiones cargadas de signos y símbolos trasmiten sus mensajes a través de diferentes medios, los tradicionales son consecuencia de las regulaciones propias de la iglesia, por ejemplo los templos y su decoración, el ritual ceremonial, la vestimenta de sus dirigentes, el cronograma de festividades y las actividades que se desarrollan en tales fechas.

En pasados días asistí a las misas de novenario luctuoso de una tía, en algunas de las celebraciones me tocó presenciar varios emplazamientos, como es de esperarse fue en la homilía, donde el sacerdote desarrolla el evangelio. La más graciosa intervención fue cuando el padre dijo: “las niñas de hoy ya no se mueren por la muñequita Barbie”.

También algún domingo escuché en los avisos parroquiales la gran oferta de un viaje hacia un destino turístico-religioso, se mencionó el costo, los horarios, los servicios incluidos y el lugar de salida.

Además cada año en el seminario que se ubica a una cuadra de mi casa se realiza una megakermes, es tan grande que cuando vas a la mitad ya te cansaste, la dinámica es cambiar el dinero por “semipesos” (pues son del seminario), con estos se compra comida, dulces, juguetes, tiempo en trampolines, por citar algunas cosas.

El negocio es redondo, en el sentido oscuro y en el bien portado. Por un lado el dinero se cambia para que los puestos no lo reciban, los puestos donan lo que venden y la gente que va pues sabe que ira directo a las arcas de la iglesia.

Por último he visto el incremento del uso de las redes sociales, me gustan los tweets de un sacerdote que tiene la boca descocida, igual comenta de religión que de política o economía. Cuando estuve estudiando en Europa recuerdo en una iglesia el detalle de una lada sin costo para confesarte o para programar actividades, esa línea telefónica ha podido mudarse a las redes y estar donde la gente habita, en la realidad virtual.

Dios nos ampare. ¿Qué opinan?

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