En días pasados, mientras hacía scroll en mi cuenta de Instagram, me aparecieron videos de una fiesta rave que lucía espectacular.
Mostraban increíbles luces al ritmo de los beats y una audiencia que brincaba eufórica mientras la cámara hacía un paneo para mostrar al DJ: un cura calvo de cincuenta y tantos años, armado con audífonos y un par de tornamesas, que saltaba vigorosamente al compás de su creación musical.
Nunca antes había visto bailar a una multitud al son de La Guadalupana, con un ritmo magistral y en un peculiar show de luces y emoción.
Se trata del Padre Guilherme Peixoto: sacerdote portugués y DJ de música electrónica que lanza mensajes religiosos y tiene en medios digitales una audiencia que rebasa con holgura los 2.5 millones de seguidores.
Su propuesta es tan sencilla como incómoda para el establishment: si los jóvenes no van al templo, el templo va a la cancha de los jóvenes. Lo hace con sonidos electrónicos, rayos láser, símbolos católicos en pantallas, mensajes del Papa y sets en clubes atiborrados de gente joven y alguno que otro sacerdote que no da crédito a lo que sus ojos ven y sus oídos escuchan.
La mayoría de las instituciones se equivocan al confundir disrupción con provocación. El padre Guilherme no rompe reglas; construye un puente de comunicación entre sacerdote y sus feligreses.
En su reciente gira por América Latina, Reuters lo retrata en Monterrey tocando frente a un dance floor repleto, alternando música electrónica con mensajes espirituales, imágenes de la Virgen de Guadalupe y videos papales. La explicación de la agencia global de noticias es reveladora: se trata de un balance entre “adrenalina” y “contemplación”, entre silencio, sonido y comunidad.
No está vendiendo una misa con música techno, está reposicionando la experiencia de fe como algo que también puede habitar en el territorio emocional de una fiesta rave: pertenencia, catarsis, elevación colectiva y rito multitudinario.
Pero, ¿qué tiene que ver todo esto con el marketing BTL y cuál es la lección?
Hace más de 40 años, los grandes gurús del marketing y responsables de que hasta hoy utilices la palabra “posicionamiento” en tus estrategias: Al Ries y Jack Trout, escribieron en su famoso libro best-seller Positioning: The Battle for Your Mind, sobre la importancia de un replanteamiento en la estrategia de la Iglesia Católica para reposicionarse centrando a Jesús en el centro de su storytelling y comunicarlo como concepto rector, simple y consistente.
Ahora, llega un sacerdote y posiciona los mensajes católicos no desde el fondo, sino desde la forma que emociona al público más joven e incluso, al de su misma edad. Su set no es el producto; el producto es Cristo traducido al idioma emocional y cultural de las generaciones Z, Millennial y X.
¿Cuáles son las lecciones de marketing?
- Habla el lenguaje del medio, no el lenguaje de la institución. “Necesitas hablar el idioma”, afirma Guilherme en una entrevista sobre su misión con jóvenes.
- Convierte la fe en experiencia, no en discurso. La Iglesia compite hoy contra el entretenimiento infinito, por lo que una experiencia significativa ayuda a evangelizar con mayor fuerza.
- Brand Permission para los indecisos : baja la fricción de entrada. Primero lo experimento y luego te sigo.
- Diseña una narrativa transmedia: música + símbolos + video + redes sociales + presencia física. Eso construye atención, curiosidad, memoria y conversación.
Los aciertos que cualquier marca debería estudiar:
- Claridad de concepto: no está “probando formatos”; está ejecutando una tesis: llevar el mensaje a donde está la gente y en el idioma que entiende y le apasiona.
- Coherencia operativa: Sigue siendo pastor fiel a sus mensajes y disciplinado en sus deberes parroquiales, sin perder autenticidad.
- Escenografía con significado: no es un show vacío con escenografía costosa; integra iconografías y contenidos explícitamente católicos, acordes con cada mensaje.
- Alcance orgánico masivo: su IG es un canal de distribución propio con escala internacional. No mete pauta publicitaria ni requiere seguir tendencias. Es original y único. Eso lo hace viral.
La pregunta final no es si un sacerdote debe ser DJ. La pregunta estratégica es más incómoda:
¿Está la Iglesia ante un parteaguas para ganar mayor atención de su audiencia sin diluir su núcleo?
Tal parece que Guilherme Peixoto lo tiene muy claro: para mantener vivo a Cristo en la mente de una nueva generación, es preciso acercarse a ella con su lenguaje y compartir su pasión. Una propuesta que le demostró dar resultados.
¿Qué opinas?
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