Sin importar qué profesión tenga cada persona, sus gustos, edad, nivel socioeconómico o nacionalidad, las marcas están en la vida de cada una de ellas. Y si de firmas se trata, las que pertenecen a la industria de lujo son de las favoritas de muchos.

El prestigio, calidad, diseños, renombre, personalización de productos y su elemento aspiracional hacen de esta industria una de las más importantes para un porcentaje importante de consumidores que, sin importar el precio por productos premium, los adquiere, e incluso generan una conexión emocional hacia ellos y su marca.

A nivel global, México es el quinto mercado con mayor crecimiento de esta industria, al reportar un crecimiento de 6 por ciento, mismo que se estima podría mantenerse durante los siguientes 3 años, según Euromonitor.

Recientemente, la agencia MLBM publicó su top ten de las marcas de lujo que más emocionan al cliente en México, en el cual Dior encabeza la lista con 48.3 puntos de intimidad generada con el público meta.

Lujo, ¿entre más caro menos autoestima?

Si bien las marcas tratan de mostrar los beneficios de sus productos, a través de campañas de marketing, las de lujo tiene la característica de siempre mostrar historias que despierten en el consumidor una aspiración a alcanzar un mejor estatus, una posición social más alta y a generar ciertas emociones.

Mirna Ongay Valle, catedrática de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), explicó que cuando una firma de lujo desarrolla estrategias de marketing, lo que procuran es vender no un producto, sino una idea de lo que es un buen estatus, por lo que tienden a ser aspiracionales y muy emocionales.

Afirmó que en el entendido de que cuando un cliente compra un artículo de marcas premium o de lujo, para la gran mayoría quiere decir que ahora se pertenece a un grupo selecto y exclusivo, además de ser parte de su identidad.

Comentó que este tipo de marcas hacen sentir glamouroso al consumidor, siente el respaldo que ésta le da y le provee un sentido de pertenencia a un grupo social específico, lo cual se ve mayormente en clientes jóvenes.

Afirmó que lo que una marca de lujo, e incluso otras que no pertenecen a esta industria, comparten el objetivo de emocionar al target, es decir, llegarles al corazón.

Sobre la cuestión de si la preferencia por marcas caras o de lujo es un equivalente a baja autoestima, Ongay dijo que no necesariamente hay una relación, aunque sí recalcó que la autoestima debe estar en función de lo que cada persona es y siente, más no en ropa y accesorios caros.

En este sentido, la catedrática sugirió que cada individuo debe reafirmarse quién es con base en sus valores e identidad, más no por las marcas que compran.

 

 

 

 

SUSCRÍBETE A LA REVISTA IMPRESA A UN PRECIO ESPECIAL