México acelera hacia las noticias en video, pero la confianza cae a su nivel más bajo desde 2017

smartphone celular mobile marketing. Foto: Bigstock.
smartphone celular mobile marketing. Foto: Bigstock.
El 66% de los mexicanos consume noticias mediante redes sociales cada semana, mientras la confianza en la información cayó cinco puntos, hasta 31%.

México ya no está transitando lentamente desde los medios tradicionales hacia las plataformas digitales, el cambio se aceleró. El capítulo mexicano del Digital News Report 2026, elaborado por el Reuters Institute for the Study of Journalism, muestra que 66% de la población utiliza semanalmente redes sociales para acceder a noticias.

Al mismo tiempo, la confianza general en la información cayó cinco puntos porcentuales y se ubicó en 31%, su nivel más bajo desde 2017. Ambos datos describen un mercado atravesado por una contradicción.

Las personas consumen una gran cantidad de información dentro de plataformas caracterizadas por la velocidad, el video, la recomendación algorítmica y las voces individuales. Pero cada vez confían menos en el ecosistema informativo en su conjunto. Para medios, empresas y anunciantes, el desafío ya no consiste únicamente en producir contenido capaz de generar alcance. La confianza se está convirtiendo en el principal activo competitivo.

 

Las redes sociales son la principal puerta de entrada

Dos de cada tres mexicanos utilizan redes sociales para informarse cada semana. Facebook, YouTube y TikTok funcionan como canales esenciales tanto para medios tradicionales como para organizaciones nativas digitales, periodistas independientes y creadores. Muchas redacciones adaptan sus historias a formatos verticales, fragmentan entrevistas, reconstruyen titulares y desarrollan explicaciones pensadas para las dinámicas de cada plataforma.

La noticia ya no llega únicamente mediante una portada, un noticiero o un sitio web, puede aparecer en un video de menos de un minuto, una transmisión en vivo, un fragmento de pódcast, una historia, un meme o la explicación de un creador.

Esta diversidad facilita el acceso, pero también modifica la forma en que se construye la autoridad. En una plataforma, el contenido de un medio profesional compite dentro de la misma interfaz con opiniones, propaganda, rumores, grabaciones ciudadanas y material manipulado y la calidad editorial no garantiza automáticamente mayor distribución.

 

El video se convierte en el formato dominante

El Reuters Institute señala que la gran mayoría de los mexicanos vio al menos un video informativo online durante la última semana. La preferencia audiovisual responde a diferentes factores. El video facilita la comprensión de historias complejas, muestra directamente a protagonistas y permite consumir información mientras se realizan otras actividades. También se adapta a la lógica de plataformas donde la recomendación algorítmica sustituye a la búsqueda activa.

Una persona no necesita abrir una aplicación con la intención explícita de informarse. La noticia aparece entre contenidos de entretenimiento, deportes, música y estilo de vida. Esto incrementa el alcance potencial, pero puede reducir la profundidad. La información debe capturar atención en pocos segundos y competir con formatos diseñados para generar reacción inmediata.

Los medios enfrentan así un dilema: adaptar su lenguaje sin convertir cada historia en entretenimiento o simplificar asuntos que requieren contexto.

 

La televisión pierde terreno rápidamente

El consumo semanal de noticias mediante televisión cayó a 34% en México. La cifra es casi la mitad de la registrada en 2017 y muestra cómo la pantalla tradicional pierde centralidad frente a plataformas digitales.

Esto no significa que el televisor haya desaparecido, la pantalla permanece dentro de los hogares, pero el contenido que se reproduce en ella cambia. YouTube, servicios de streaming y aplicaciones conectadas permiten ver entrevistas, podcast, transmisiones y videos de creadores en el mismo espacio antes dominado por las cadenas.

La televisión deja de ser necesariamente un canal y se convierte en un dispositivo. Para los grupos de medios, el cambio obliga a competir fuera de sus señales lineales. Para las marcas, significa que la compra audiovisual ya no puede dividirse de forma simple entre televisión y digital. La audiencia se mueve entre pantallas, formatos y plataformas sin reconocer las mismas fronteras utilizadas por los planes de medios.

 

Los creadores ganan cercanía mientras las instituciones pierden confianza

La caída de la confianza general hasta 31% ocurre después de varios años de relativa estabilidad. El contexto incluye desconfianza hacia instituciones públicas, polarización, violencia contra periodistas y un flujo constante de información falsa o engañosa.

En ese entorno, los creadores y periodistas con identidad individual pueden ser percibidos como más cercanos y auténticos que una organización. Figuras como Carmen Aristegui, Carlos Loret de Mola y Joaquín López-Dóriga mantienen una gran presencia digital, mientras crecen perfiles que trabajan fuera de las redacciones tradicionales.

La relación con una persona suele resultar más sencilla de entender que la relación con una marca informativa. El usuario reconoce un rostro, una voz, una posición y un estilo, pero esa cercanía también presenta riesgos.

Algunos creadores tienen alineamientos políticos claros, procesos limitados de verificación o modelos económicos dependientes de la polémica y la atención, por lo que la autenticidad puede aumentar la conexión emocional sin garantizar precisión.

 

La confianza general cae, pero algunas marcas resisten

La caída a 31% no significa que todos los medios sean percibidos de la misma manera. El informe señala que la confianza en algunas marcas individuales se mantiene por encima del promedio general. Más de 60% de los encuestados expresa confianza en nombres como CNN en Español y Milenio, además de medios locales de televisión, radio y prensa. Esta diferencia resulta fundamental.

La confianza abstracta en “las noticias” puede deteriorarse mientras determinadas organizaciones conservan credibilidad. Para medios y marcas, el aprendizaje es que la reputación institucional todavía importa. La audiencia puede desconfiar del ecosistema, pero continúa distinguiendo entre fuentes. Esto convierte la consistencia, la transparencia, la corrección de errores y la firma de los contenidos en activos diferenciadores.

 

El contenido de marca entra a un entorno de mayor sospecha

Las empresas mexicanas también operan dentro de este ecosistema de desconfianza. Cuando una marca publica información, consejos, tendencias o explicaciones, compite no solo por atención, sino por credibilidad.

Los consumidores pueden interpretar el contenido como publicidad disfrazada, especialmente cuando no existe claridad sobre intereses comerciales, fuentes o participación de creadores pagados. La solución no consiste en intentar imitar el periodismo sin asumir sus estándares. Las marcas deben distinguir claramente entre información, opinión, entretenimiento y publicidad y también necesitan respaldar sus afirmaciones con datos verificables, expertos identificables y fuentes accesibles.

En un entorno saturado de contenido generado automáticamente, la transparencia puede convertirse en una ventaja y la marca que explica de dónde provienen sus cifras, reconoce límites y evita promesas exageradas tendrá mayor posibilidad de construir confianza.

 

Trabajar con creadores requiere algo más que alcance

El crecimiento de los creadores puede llevar a las compañías a trasladar presupuestos hacia personalidades capaces de generar cercanía, sin embargo, elegir únicamente por número de seguidores incrementa el riesgo reputacional.

Las marcas necesitan evaluar la calidad de la comunidad, la consistencia del contenido, la transparencia comercial, el historial de desinformación y la compatibilidad entre valores y también deben decidir cuánto control ejercer.

Un guion completamente corporativo puede destruir la autenticidad que justificó la colaboración y una libertad absoluta puede producir mensajes incorrectos o incompatibles con la regulación.

El mejor modelo requiere acuerdos claros sobre hechos, transparencia y responsabilidad, sin convertir al creador en un portavoz artificial y recuerden: los creadores generan alcance y confianza en sus seguidores, los medios genera reputación y validación.

 

El video debe generar reconocimiento, no solo reproducciones

La presión por producir contenido audiovisual puede llevar a medir el éxito exclusivamente mediante visualizaciones. El problema es que una reproducción no garantiza comprensión, confianza o recuerdo de marca.

Las empresas necesitan desarrollar formatos consistentes y reconocibles, eso implica contar con una voz editorial, un diseño, una estructura narrativa y personas capaces de representar a la organización.

El objetivo no debería ser participar en cada tendencia, sino crear una presencia que la audiencia pueda identificar y asociar con determinada utilidad.

Una serie semanal, una explicación recurrente o un vocero especializado pueden construir más valor que decenas de videos aislados. Recuerden: la confianza se forma mediante repetición y coherencia, no únicamente mediante viralidad.

 

Los canales propios recuperan importancia

Aunque las redes sociales dominan el descubrimiento, depender completamente de ellas deja a las organizaciones expuestas a cambios algorítmicos. Un ajuste en Facebook, YouTube o TikTok puede reducir el alcance de un día para otro, por ello, medios y marcas necesitan convertir parte de la audiencia social en una relación directa mediante boletines, comunidades, aplicaciones, registros, eventos, pódcast propios o programas de lealtad.

El reporte menciona el uso de newsletters como una estrategia para mantener relaciones menos vulnerables a los algoritmos. Esta lógica también es aplicable a las empresas. Las plataformas permiten descubrir; los canales propios permiten conocer, retener y desarrollar una relación.

La estrategia más sólida no abandona las redes sociales, las utiliza como entrada hacia un ecosistema donde la marca puede ofrecer mayor profundidad.

 

La inteligencia artificial amplifica oportunidades y riesgos

Las redacciones mexicanas también están incorporando IA. La Organización Editorial Mexicana creó una unidad dedicada a integrar estas herramientas en la producción y distribución. El Economista desarrolló LANA, un asistente que utiliza su archivo para generar resúmenes, ideas y propuestas de seguimiento. Estos ejemplos muestran que la IA puede mejorar procesos internos sin sustituir necesariamente el criterio periodístico.

Para las marcas, la oportunidad es similar. La tecnología puede ayudar a analizar conversaciones, adaptar formatos, resumir documentos y personalizar experiencias.

El riesgo aparece cuando la automatización aumenta el volumen sin fortalecer la calidad. Producir cien piezas en lugar de diez no resuelve la falta de confianza, inclusive puede agravarla si el contenido contiene errores, afirmaciones genéricas o un tono impersonal. La IA debe utilizarse para ampliar capacidades, no para eliminar la responsabilidad editorial.

 

La credibilidad será una métrica de negocio

En un mercado donde 66% se informa mediante redes sociales y solo 31% confía en las noticias, la credibilidad deja de ser un concepto abstracto, afecta la capacidad de una organización para convencer, vender, responder a una crisis y sostener relaciones.

Las compañías deberán incorporar indicadores de confianza a sus estrategias de contenido, ya no basta con observar alcance, engagement o conversiones, también es necesario medir percepción de veracidad, claridad, transparencia y disposición a recomendar.

La confianza puede tardar años en construirse y desaparecer con una publicación incorrecta, una colaboración mal elegida o una respuesta evasiva durante una crisis.

 

México no tiene un problema de contenido, sino de relación

Nunca se había producido y distribuido tanta información, el problema es que la abundancia no garantiza una relación sólida con la audiencia. Las personas reciben noticias constantemente, pero muchas no identifican la fuente, desconfían de los mensajes o evitan deliberadamente la información.

Los medios necesitan demostrar por qué su trabajo tiene valor y las marcas necesitan justificar por qué merecen participar en la conversación.

El video y los creadores ofrecen alcance y cercanía, pero no sustituyen la credibilidad. El desafío para México será combinar el lenguaje de las plataformas con procesos capaces de generar confianza y las organizaciones que comprendan esa tensión no competirán únicamente por una visualización, sino por algo mucho más escaso: que la audiencia decida creerles.

 

 

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