La publicidad monárquica, un BTL de alta alcurnia

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Matrimonios van y matrimonios vienen, buscando que la dinastía permanezca incluso cediendo ante los nuevos poderes: la belleza, la farándula y las redes sociales.

En publicaciones pasadas he comentado acerca de la realeza, de sus peculiares problemas en las últimas décadas, así como su inminente peligro de desaparecer. Al parecer las que se resisten a hacerlo, buscan algunas estrategias para conciliar su existencia y ligarla a la contemporaneidad.

Actualmente resultan familiares los casamientos de políticos con artistas de la TV o reconocidas top models, pero lo anterior no es un invento de los gobernantes y candidatos, es parte de una tradición heredada por la monarquía, pues con el objetivo de vincular (el algunos casos a regañadientes) dos perfiles generales de la población, la visiblemente comercial y popular, con la elite que de alguna forma se ve favorecida y cobijada por la corona.

Matrimonios van y matrimonios vienen, buscando que la dinastía permanezca incluso cediendo ante los nuevos poderes: la belleza, la farándula y las redes sociales. Para una muestra del ultimo poder, el de las redes sociales, le comparto un evento que ha sobresalido en las últimas semanas en el Reino Unido y en las plataformas digitales.

Como lo asegura el apartado de noticias de Yahoo, un pequeño de 4 años de nombre Shaan Dulay invitó a la reina de Inglaterra a su fiesta de cumpleaños, busquen y lea la carta para que termine destilando azúcar, pues es un texto adorable que concluye con una actitud entre “azul y buenas noches” de parte de la casa real. Pues aunque el pequeño recibió contestación, no recibió la visita de la reina. En pocas palabras es un “visto” real.

Este siglo es el siglo de las revelaciones, de los tutoriales y del detrás de cámaras, por lo que ver películas, series y blogs que relatan la vida de la realeza, no es nada de sorprendernos, aunque para ser honesto una serie que me atrapó fue The Royals, pues aunque muy al estilo gringo, logra capturar las problemáticas de la dinastía inglesa.

Lo anterior nos remite a varias posturas:

  • Por un lado la monarquía busca cualquier excusa (como los políticos) para mediatizar, más en medio de una severa crisis de confianza, un escrutinio muy agudo acerca de los recursos que financian sus ostentosas vidas y un papel cada vez más accesorio ante la vida política y social de sus países.
  • Por otro lado, la monarquía supone un culto al hombre, pues su razón de ser se basa en la idea de que dios elige a los mejores para guiar los destinos de los demás. Por tanto entre un mito y una realidad aceptada y pagada por los ciudadanos, se deben cuidar aspectos que continúen protegiendo el halo de superioridad de la corona y sus integrantes, con el fin de no matar las aspiraciones y esperanzas sociales.
  • Algunos de los integrantes se han vuelto inmersos en delitos, crímenes, despilfarros y otros tantos adjetivos encantadores, por lo que las opiniones de los “súbditos” nunca antes estuvieron tan dividas. A su vez existen monarcas o extensiones de la corte (condes, marqueses, duques, infantes…) que destinan su tiempo a actividades filantrópicas, muy al estilo Lady Diana, van por la vida buscando cambiar el mundo con su presencia y recaudación de fondos, lo cual sin duda es un BTL que se aplaude.

La pregunta del millón es: si en el pasado hubo muertes y sacrificios por acceder al trono, ¿cuál será el camino comunicacional que las coronas están dispuestas a tomar para asegurar su permanencia?

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