La era de la información con asterisco

Hanzel Monge, Associate Marketing Manager en Polaris México
Por Hanzel Monge, Consultor de Marketing Creativo, Asc. Marketing Manager Polaris Off-Road

Hubo una época en la que la vida era simple. JugÔbamos Age of Empires en CD-ROM, conectarse a internet hacía ruidos extraños y tener un sitio web era una demostración de autoridad. Si querías saber algo sobre una empresa, un producto o una industria, no había muchas opciones. Ibas al sitio web de quien supuestamente sabía del tema.

No era perfecto, pero habĆ­a algo interesante: el conocimiento tenĆ­a una fuente relativamente clara y semi-confiable.

Con el tiempo llegaron las redes sociales, los blogs, los foros, los podcasts, YouTube y un ejército de expertos autoproclamados dispuestos a explicar cualquier tema aunque apenas lo hubieran descubierto media hora antes. La información se volvió mÔs accesible, mÔs rÔpida y mÔs abundante. Y en algún punto confundimos cantidad con valor.

Cuando estabamos empezando a entender como diferenciar entre el ruido de expertos y fake news, nos llega la era de GPT y todas las inteligencias artificiales que le siguieron.

Hoy puedes preguntarle prÔcticamente cualquier cosa a ChatGPT, Copilot, Gemini o la herramienta de moda que aparecerÔ la próxima semana. La respuesta llega en segundos, bien redactada, estructurada y presentada con una seguridad que solo vemos en sentada las sillas del congreso.

El problema es que muchos estƔn interpretando esto como el fin de los sitios web, el SEO y el contenido. Y creo que estƔn viendo el sƭntoma equivocado.

Durante aƱos perseguimos trĆ”fico como si fuera el objetivo final del marketing. MĆ”s visitas. MĆ”s clics. MĆ”s ā€œleadsā€. MĆ”s grĆ”ficas ascendentes para presumir en juntas donde nadie querĆ­a preguntar la Ćŗnica mĆ©trica realmente importa: Āæy eso cuĆ”nto vendió?

La neta. Mucho del trÔfico que llegaba a los sitios nunca tuvo intención real de compra. Eran estudiantes haciendo tareas, competidores espiando, personas con curiosidad pasajera o gente que aterrizaba en una pÔgina y desaparecía mÔs rÔpido que tu compa que te debe $1,000 pesos.

La IA estĆ” eliminando gran parte de ese recorrido. Ahora muchas preguntas se responden sin necesidad de visitar un sitio web.

Y aunque eso suena aterrador para quienes viven obsesionados con el trƔfico, tambiƩn expone una gran verdad: quizƔ nunca necesitabas diez mil visitantes. QuizƔ necesitabas cien personas realmente interesadas.

El trÔfico se ve espectacular en PowerPoint. LÔstima que los grÔficos no pagana la nómina.

Lo interesante es que este cambio nos estƔ regresando a un lugar bastante familiar. Durante aƱos la clave fue producir mƔs contenido. MƔs blogs. MƔs publicaciones. MƔs videos. MƔs ebooks. MƔs de todo.

La fórmula volumen/calidad funcionaba mientras los humanos tenían que buscar manualmente la información. Cuando una mÔquina puede leer, resumir y organizar millones de pÔginas en segundos, la cantidad deja de ser tan impresionante.

Volvemos a la pregunta de siempre: ¿quién tiene algo relevante que decir?

Porque la inteligencia artificial no genera conocimiento. No sale a vender. No desarrolla productos. No se equivoca frente a un cliente. No pierde una cuenta importante. No opera una mƔquina. No recibe una llamada de emergencia a las tres de la maƱana.

Lo que hace es recopilar, ordenar y presentar la información que ya existe.

Es una Robotina 3.5. Muy eficiente. Muy rÔpida. Muy útil.

Pero, al final del dĆ­a, sigue acomdando conocimientos de otros.

Por eso estamos entrando en una etapa donde la experiencia vuelve a importar. El criterio vuelve a importar. La capacidad de conectar ideas vuelve a importar. Y eso representa una oportunidad enorme para quienes todavía son capaces de generar conocimiento original en lugar de reciclar contenido disfrazado de innovación.

La mala noticia es que tambiƩn existe un nuevo riesgo.

Cada vez es mƔs fƔcil sonar inteligente.

Puedes pedirle a una IA que te explique una metodología, te resuma un libro, te genere una estrategia o te escriba una opinión sobre cualquier tema. El resultado suele verse convincente. Profesional incluso.

Pero una respuesta bien escrita no necesariamente es una respuesta correcta.

Y ahĆ­ es donde aparece el problema que casi nadie estĆ” discutiendo.

Estamos comenzando a vivir en una economía donde muchas personas aprenden de una inteligencia artificial que aprendió de contenido generado por otra inteligencia artificial que aprendió de contenido resumido por una inteligencia artificial anterior que, en algún punto remoto del camino, encontró una fuente humana original.

Y con cada vuelta de ese ciclo algo se pierde.

Contexto. Experiencia. Matices. Responsabilidad. Pensamiento crĆ­tico.

Nos estamos acostumbrando a consumir información sin preguntarnos de dónde salió. Si fue comprobada. Si sigue siendo vÔlida. O si simplemente suena suficientemente convincente para compartirla en LinkedIn con una reflexión profunda sobre liderazgo.

Estamos entrando en la era de la información con asterisco.

Información que parece correcta, pero son prosedencia clara, sin verificar.  Información que se replica a una velocidad brutal mientras la experiencia real sigue avanzando a la misma velocidad de siempre: viviendo, probando, equivocÔndose y aprendiendo.

Estamos volviendo al punto donde un MEME era la fuente de información favorita de las personas.

Aquƭ es donde el trabajo de consultores y especialistas empieza a recuperar terreno. No porque la IA no sea capaz de generar respuestas, sino porque alguien tendrƔ que verificar que no estƩn basadas en una cadena interminable de contenido reciclado.

La inteligencia artificial puede analizar millones de documentos en segundos. Lo impresionante no es eso. Lo impresionante sigue siendo encontrar a alguien que sepa cuÔndo ignorar una recomendación aparentemente brillante porque la realidad del negocio dice otra cosa.

Durante años pagamos por acceso a información. Hoy volvemos a pagar por criterio.

Y ahĆ­ es donde creo que existe una buena noticia para las marcas.

Durante años internet premió a quienes producían mÔs contenido. Hoy empieza a premiar a quienes generan conocimiento que vale la pena citar. A quienes documentan experiencias reales.

A quienes entienden que publicar no es lo mismo que decir algo relevante.

QuizƔ los sitios web reciban menos visitas, las mƩtricas de trƔfico ya no luzcan tan impresionantes.

Definitivamente muchas estrategias digitales tendrƔn que replantearse desde cero.

Pero si algo estĆ” demostrando esta nueva etapa es que la tecnologĆ­a no estĆ” reemplazando la experiencia. EstĆ” aumentando el valor de quien realmente la tiene.

En un mundo donde cualquiera puede sonar inteligente, la ventaja competitiva vuelve a estar en algo mucho menos tecnológico y mucho mÔs difícil de fabricar:

Tener razón por las razones correctas.

 

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