La colaboración que nadie pidió (y que tampoco necesitábamos)

Hanzel Monge, Associate Marketing Manager en Polaris México
Hanzel Monge, Associate Marketing Manager en Polaris México

Hace unos días venía manejando con todo el vibe escuchando una rola de Samantha Barron. Melodía mística, flow fluido, todo sonando bien. Y de repente entra El Alemán a rapear, con un estilo que rompió por completo la vibra y me devolvió a la realidad del tráfico en el que estaba atorado.

No digo que sea mal exponente, al contrario. El problema es que esa colaboración no debió pasar. O por lo menos no así. La rola terminó sonando forzada, rara, como cuando alguien se mete a una conversación donde nadie lo llamó.

Eso mismo le pasa a las marcas todo el tiempo.

El poder hacerlo no es razón suficiente

Vivimos en el mundo del “y si…”. ¿Y si colaboramos con ese influencer que está rompiéndola? ¿Y si hacemos algo con esa marca que está en tendencia? ¿Y si nos subimos a esa tendencia antes de que se muera?

El problema no es querer crecer. El problema es confundir que alguien esté disponible con que sea compatible. Como dicen por ahí… Estaban tan preocupados por ver si podían, que no se detuvieron a pensar si deberían.

Que tenga millones de seguidores no significa que sus seguidores sean los tuyos. Que una marca sea grande no significa que su gente compre lo que tú vendes. Que algo esté viral no significa que tu marca tenga algo real que decir ahí.

Colaborar porque puedes es una decisión de ego. Colaborar porque tiene sentido es una decisión de negocio.

Belinda lo entendió antes que todos

Hay alguien que ha masterizado las colaboraciones mejor que cualquier agencia: Belinda.

No hablo de campañas. Hablo de sus relaciones.

Cada que aparece con alguien nuevo, no solo trae su base de fans. Jala a los fans de la otra persona y los vuelve suyos. Hay una historia compartida, algo que engancha, y una exposición mutua que nunca se siente calculada, aunque claramente lo es.

Eso es exactamente lo que una buena colaboración de marca debería hacer. Que se sienta como descubrimiento, no como publicidad.

Una colaboración en estado natural.

Polaris y Maja no se juntaron porque alguien en una junta dijo “necesitamos relevancia cultural”. Se juntaron porque la ropa de Maja ya vivía en el mundo Polaris. Sus clientes ya la usaban en el campo, en la pista, en el rancho.

Cuando la colaboración se hizo oficial, el primer stock se acabó sin que nadie tuviera que explicar nada. Eso es lo más honesto que puede pasar con una colaboración: que el mercado la valide antes de que marketing tenga que defenderla.

La mejor publicidad de esa colección fue que casi no necesitó publicidad.

Como saber si la cosa es natural…

Antes de firmar algo, hazte estas preguntas:

1. ¿Comparten valores, no solo estética?

Dos marcas pueden verse bien juntas en una foto y no tener nada en común donde importa. Si lo que dicen ser y lo que hacen van en direcciones distintas, la colaboración solo va a funcionar en la mesa de directivos, afuera no tendrá sentido.

2. ¿Sus audiencias sienten las mismas cosas?

No se trata de que las dos le vendan al mismo rango de edad. Se trata de que le hablen a gente que siente lo mismo: el orgullo de trabajar duro, las ganas de salir al campo, la identidad de construir algo con las manos. Los datos te dicen quiénes son. Lo que sienten te dice por qué compran.

3. ¿La diferencia entre ambas tiene una historia que contar?

Las colaboraciones de contraste que funcionan no lo hacen solo por ser “inesperadas”. Lo hacen porque la colaboración entre las dos cuenta algo que ninguna podría contar sola. Si la única narrativa es “son muy diferentes, ¿no está a shilo?”, no tienes una campaña. Tienes un experimento.

4. ¿El colaborador usaría tu producto aunque no le pagaran?

Cuando la gente siente que la persona al otro lado nunca tocaría ese producto sin un contrato de por medio, se acabó. La credibilidad no se compra con el presupuesto del influencer.

5. ¿Los dos ganan algo más que números?

Si una de las partes solo espera “exposición”, ya hay un problema. Las colaboraciones que duran tienen intercambios reales: mercados nuevos, legitimidad en un territorio nuevo, algo que ninguna podría hacer sola. Los números de un paid collab se van cuando termina el contrato. Lo que la gente piensa de tu marca se queda.

6. ¿Te da orgullo anunciarlo sin explicación?

Imagina que mañana alguien te pregunta con quién estás colaborando. ¿La respuesta genera interés o necesitas una nota al pie? Si tienes que justificarlo con más de una oración, probablemente no tiene tanto sentido.

Las colaboraciones que se recuerdan no se recuerdan por los números que generaron. Se recuerdan porque sintieron naturales. Como si ya tenían que pasar.

Eso es lo que deberían buscar las marcas. No la colaboración más grande. La más honesta. No la que genera más ruido. La que tiene algo real que decir.

Rompe moldes, cruza categorías, apuesta por combinaciones que nadie ha visto. Pero que siempre tengan sentido para quien las recibe.

Porque colaborar solo por los números únicamente le funciona al que recibe el dinero.

Y tú eres marca, no proveedor de audiencias ajenas.

#EsLaCalle #SinMamarketing

 

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