En plena era de las comunicaciones, en donde cada vez se facilita más el envío de mensajes entre las personas, ya sea de voz, escritos o incluso en video es cuando, curiosamente, mas incomunicados nos encontramos los seres humanos y esto ya rebasa el ámbito profesional, pues en las más íntimas reuniones de amigos no falta el o los que en lugar de disfrutar el momento, pasan una gran parte del tiempo con los ojos perdidos en la pantalla de un smartphone, de un iPad, o de un iPhone.

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A este fenómeno, yo lo he llamado comunicación excesiva y lo considero el principal enemigo de la comunicación eficiente, es decir, tenemos tanta “comunicación” pulverizada en tantos medios diferentes, que somos incapaces de asimilar toda la información que recibimos a un mismo tiempo; ya no solamente existe un televisor en el hogar, en el que anteriormente las familias se reunían a disfrutar un partido de fútbol, el capítulo de estreno de la serie preferida o a discutir el noticiario de la noche; con el abaratamiento que se ha dado en la tecnología, ahora es factible que, en una familia de clase media, varias de las habitaciones cuenten con un aparato televisor, lo que tiene un efecto divisorio dentro de las familias y genera la “no comunicación” entre los miembros de la misma.

Este problema de comunicación se ha trasladado, evidentemente a nuestras empresas, en donde cada vez es más frecuente escuchar argumentos como: “yo pensé que…..”, “me imaginé…..”, “no es lo que pedí…..”, yo nunca dije eso…..”, lo que lleva a los más inexpertos líderes a conclusiones sencillas tales como: “yo soy muy claro en mis planteamientos, pero simplemente mis colaboradores no me entienden”.

Para estar en posibilidad de corregir estos problemas, estimados amigos, es necesario primero que nada entender que, con los adelantos tecnológicos que tenemos a mano, aunado a la inminente globalización de la industria, ya no es posible entender a la comunicación como la transmisión de mensajes entre un emisor y un receptor a través de un canal, ahora se trata de un asunto mucho más complejo que eso, primero que nada, ya no solamente intercambiamos mensajes, el intercambio ahora es de significados, es decir, al comunicar una idea a nuestros colaboradores, antes que nada tenemos que elegir el canal correcto, analizar las probables interpretaciones que se pueden dar al mensaje y elegir la mejor manera de difundirlo.

Hoy en día, tenemos que entender la comunicación que se da al interior de las empresas como un proceso bilateral, mediante el cual transmitimos algunos de nuestros pensamientos, sentimientos, conocimientos o deseos de manera individual, o a un grupo de personas para que ellos a su vez no solamente los reciban, sino que los asimilen, acepten (o desaprueben) y nos expresen su punto de vista como retroalimentación del análisis realizado acerca de nuestro planteamiento; esto no evita, por supuesto que se den otros, recién analizados elementos de la comunicación, como son el ruido (también conocido como “radio pasillo”) o la interferencia (sabotaje de ideas), pero entre más clara, abierta y franca sea la idea que transmitimos, más complicado será que alguno o algunos miembros del grupo sean capaces de distorsionarla.

Para lograr una comunicación interna más eficiente, es necesario conocer el alcance de lo que informamos de la manera en que lo difundimos, las expectativas que podemos provocar entre los receptores del mensaje, y si somos capaces de cumplir estas expectativas para evitar con ello, el desánimo por el mal entendimiento que se puede dar incluso de lo que parece ser una excelente noticia.

En mi propia experiencia, he encontrado que algunos de los puntos clave para tener una buena comunicación son expresarse con claridad, procurar ser muy precisos en lo que se requiere, sobre todo si se trata de dar instrucciones, encontrar la manera de comprobar si el mensaje que queremos trasmitir ha sido correctamente captado, ser auto críticos para revisar si nuestro mensaje ha sido claro y correcto y finalmente aprender a observar a los mejores comunicadores para aprender lo mejor de ellos.

Hace poco recibí el consejo de un buen amigo que, con mucha sabiduría me dijo que existen dos frases, cada vez más utilizadas por los nuevos líderes que nos deben poner en alerta, estas frases son: “si yo fuera tu…..” y “con todo respeto…..”, cuando las escuchen, mas vale estar preparados, !Porque lo que sigue puede ser devastador!.

Finalmente quiero compartirles un pequeño fragmento de un poema de Víctor Manuel Otero, muy a propósito del tema de la comunicación que a la letra dice:

“Que suerte he tenido de nacer, para callar cuando habla el que más sabe, aprender a escuchar, esa es la clave, si se tiene intenciones de crecer”.

!Reciban todos un abrazo y nos leemos en nuestro siguiente Plan de Negocios!

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