El contenido se ha convertido en uno de los principales aliados de las marcas. Por medio de él es posible transmitirle al público meta un mensaje de manera más orgánica y de modo mucho menos intrusivo. No obstante, hay ocasiones en las que nos casamos con un formato de material, lo cual, a la larga puede resultar cansado o aburrido para los consumidores a los que va dirigida una determinada firma. Por lo tanto, surge la necesidad de optimizarla, ¿cómo se puede hacer esto? En las siguientes líneas abordaremos algunos de los puntos más importantes sobre este tema.

Para optimizar toda estrategia de contenidos es necesario, en primera instancia, revisar los resultados que nos han dado las campañas de este tipo de materiales que se han realizado hasta el momento. De este modo, se puede hacer un análisis de qué es lo que sí ha estado funcionando (y lo sigue haciendo), qué es lo que funcionaba pero ya no lo hace y lo que, de plano, no no ha servido.

Con esta información se pueden tomar desiciones estratégicas de negocio, por medio de las cuales se pueda cambiar lo que no ha estado funcionado. Pero, ¿qué se puede colocar en su lugar? Si bien es cierto que se puede replicar lo que ha servido, también se pueden implementar nuevos elementos y se puede también verificar si funcionan o si tienen que ser modificados.

De hecho, de pueden realizar distintos test A/B para probar ciertos contenidos pero con distintos formatos. De este modo podemos saber cuál resulta más llamativo para el público meta.

Cuando se trabaja en la optimización de los contenidos, también hay que prestar atención a aspectos como la extensión de los materiales que se presentarán. En función del tipo de dispositivo en el cual nos lea el público será más conveniente seleccionar formatos como imágenes, infografías o videos, los cuales son mucho más sintéticos y fáciles de consumir por el público meta.

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