Telocico! Deja de hablar y deja que te recomienden

Hanzel Monge, Associate Marketing Manager en Polaris México
Por Hanzel Monge || Consultor de Marketing || Asc. Marketing Manager Polaris Mx

Todos conocemos a un vato que hizo esto, logró aquello y estuvo en todos lados. Cerró el negocio del año, salvó una empresa, conoció al contacto correcto y casi casi cambió el rumbo de una industria completa. Es el papá de los pollitos.

Lo curioso es que nunca aparece nadie que haya estado ahí para confirmarlo.

Pues algo parecido les pasa a muchas marcas.

Llevamos años escuchando empresas decir que son líderes, innovadoras, disruptivas, diferentes y cualquier otro adjetivo que alguien encontró en una presentación de PowerPoint. El problema es que cuando todos dicen lo mismo, deja de significar algo.

Hay una diferencia enorme entre que alguien te diga que es bueno en su trabajo y que otra persona te lo recomiende. El primero está vendiendo una historia. El segundo está poniendo en juego su reputación. Y aunque parezca lo mismo, para nuestro cerebro son cosas completamente distintas.

Durante mucho tiempo el marketing operó bajo una lógica muy sencilla: si quieres vender más, tienes que aparecer más. Más anuncios, más campañas, más presupuesto, más ruido.

Y en cierta forma funcionaba.

Hasta que la gente empezó a darse cuenta de que escuchar a una marca hablar bien de sí que hablar con el vato que no deja de presumirse en la peda.

Puedes creerle. Pero también puedes no creerle tanto.

Hace algunos años me tocó revisar un producto que llevaba tiempo estancado. Lo más frustrante era que el producto funcionaba. No había un problema técnico. La red de distribución existía. El mercado también. Desde fuera parecía que todo estaba en orden, pero los números contaban otra historia.

El problema estaba en otro lado. La gente simplemente no creía lo mismo que nosotros creíamos sobre el producto, y ahí entendimos algo muy sencillo: no teníamos un problema de producto. Teníamos un problema de confianza.

Y cambiar una percepción es mucho más complicado que lanzar una campaña nueva.

Puedes comprar espacios publicitarios. Puedes comprar alcance. Puedes comprar millones de impresiones. Lo que no puedes comprar es que la gente te crea.

Así que dejamos de hacer lo que hace la mayoría cuando las ventas no avanzan. En lugar de hablar más fuerte, dejamos que otros hablaran por nosotros. Llevamos el producto con personas que realmente podían usarlo. Personas que dependían de él para trabajar, producir y resolver problemas reales. Personas que no tenían ninguna razón para mentir.

Y haaaay, mis amigos, ¿qué creen que pasó?

Los usuarios empezaron a hacer un mejor trabajo que la publicidad. No porque fueran influencers o existiera una estrategia secreta. Simplemente porque estaban contando lo que les estaba pasando.

Y tiene sentido.

Cuando una persona habla desde la experiencia tiene una ventaja enorme sobre cualquier anuncio. No está repitiendo algo que leyó en una presentación. Está hablando de algo que vivió.

Es exactamente la misma razón por la que todos tenemos a ese compa al que le preguntamos dónde están los mejores tacos. Sabes que te puede mandar a una colonia donde Google Maps deja de funcionar y la señal del celular entra en modo “solo llamadas de emergencia”, pero también sabes que si hizo la recomendación es porque vale la pena. No llegaste ahí por un espectacular ni por un anuncio en YouTube. Llegaste porque tu compa no te recomendó los tacos. Apostó una parte de su reputación a que te iban a gustar. Vas porque le crees.

Eso es lo que muchas marcas siguen sin entender. Cada recomendación tiene un costo. Cuando alguien recomienda una marca está poniendo una parte de su reputación sobre la mesa. Por eso una recomendación vale más que cien frases publicitarias bien redactadas.

Muchas empresas siguen midiendo el éxito por lo verde de sus KPIs cuando deberían estar preguntándose cuánta gente está dispuesta a recomendarlas. Porque las marcas más fuertes rara vez son las que más hablan. Son las que crean las condiciones para que otros hablen de ellas.

Mientras te sigues obsesionando por el alcance, las vistas y los videos virales, te están ganando terreno construyendo algo mucho más difícil de conseguir: credibilidad.

La atención hace que te vean. La credibilidad genera confianza. La confianza hace que te compren.

Y cuando logras eso, sucede algo interesante. La marca deja de ser la que está contando la historia. Ahora son los usuarios, los clientes. Son las personas que ya estuvieron ahí.

Si tu marca tiene que repetir todos los días que merece confianza, todavía no se ha ganado el derecho de recibirla.

Al final funciona igual que ese compa que recomienda tacos. Su palabra vale porque ya demostró que sabe de lo que habla. Las mejores marcas entienden algo muy simple: necesitan convertir al mercado en ese compa de los tacos.

Porque la confianza nunca se construye hablando más fuerte.

Se construye cuando alguien más está dispuesto a hablar por ti.

 

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