Cuando “A que no puedes comer sólo una” es el mejor ingrediente de Marketing

Cuando "A que no puedes comer solo una" es el mejor ingrediente de Marketing de Nostalgia
Cuando "A que no puedes comer solo una" es el mejor ingrediente de Marketing

En un mundo hiperconectado, donde la atención del consumidor es un bien más escaso que el tiempo, las marcas recurren a un recurso infalible: el Marketing de Nostalgia. Sabritas, la icónica firma de botanas de PepsiCo, lo sabe bien. Su nueva campaña, “A que no puedes esperar a comer una”, no es solo un guiño a los millennials que devoraban papas fritas en recreos escolares o tardes de cine; es una maquinaria calculada para activar memorias sensoriales y convertir el anhelo en ventas.

El spot, un catálogo de situaciones cotidianas donde el acto de abrir una bolsa de Sabritas se vuelve un ritual casi involuntario, apela a esa urgencia infantil de saborear lo prohibido antes de tiempo. Clara Contreras, directora de Marketing de Sabritas, lo resume con precisión: “Todos hemos estado ahí”. Y ahí está el genio: transformar un gesto trivial —romper el sello de una bolsa— en un símbolo de complicidad generacional.

La campaña no vende papas; recuerda la ilusión de que el tiempo no ha pasado, de que aquel adolescente que escondía bolsas bajo la cama sigue vivo en el adulto que navega en Netflix.

El menú del Marketing de Nostalgia

Sabritas no está sola en este banquete de añoranza. El marketing de nostalgia es un buffet donde las marcas sirven recuerdos en lugar de productos:

1. Coca-Cola: Con su campaña “Share a Coke”, resucitó los años 90 al estampar nombres propios en las botellas. No era solo una bebida; era la ilusión de ver tu nombre en un objeto cultural, como si el universo te dijera: “Esto es para ti, como en aquel verano”.

2. Nintendo: El relanzamiento de la NES Classic y la SNES Classic no fue casual. Fue un pacto con los millennials que crecieron pulsando botones de cruz: “Aquí está tu infancia, intacta, sin updates ni microtransacciones”.

3. Netflix: Stranger Things es un monumento a los 80, pero también una estrategia para que padres e hijos compartan códigos de acceso. La serie no es ficción; es un álbum de fotos animado.

4. Polaroid: En la era del iPhone y del S25, resucitó sus cámaras analógicas como objetos de culto. No venden tecnología; sino la promesa de que un instante puede ser tangible, como en los álbumes de la abuela.

5. Burger King: Su polémico “Moldy Whopper” (2020) fue un performance sobre el paso del tiempo y la falta de conservadores, pero su verdadero golpe maestro fue resucitar logos retro para recordar que, antes de Instagram, ya existían whoppers y papas crujientes.

 

¿Por qué funciona el Marketing de Nostalgia?

La nostalgia no es un sentimiento; es un algoritmo cerebral. Estudios de la Universidad de Southampton revelan que evocar recuerdos positivos activa el núcleo accumbens, la misma zona que se ilumina ante una recompensa. Las marcas lo saben: asociar productos a memorias felices no solo genera afinidad, sino que neutraliza la racionalidad. ¿Por qué pagar $5 por papas fritas? Porque, en algún lugar de tu mente, ese precio incluye una tarde de 2002 viendo Los Simpson con tu hermano.

Sabritas lo ejecuta con precisión quirúrgica. Sus variedades —Limón, Flamin’ Hot, Habanero— no son sabores; son marcadores temporales. Cada bolsa es una cápsula que te transporta a la primera vez que probaste lo picante sin permiso. Y al hacerlo, la marca se posiciona no como un snack, sino como un testigo de vida.

El Riesgo: cuando el pasado no basta

Pero cuidado: la nostalgia no es un salvavidas eterno. Marcas como Blockbuster o Kodak confiaron en el “antes era mejor” y hoy son lecciones de obituarios corporativos. El reto está en equilibrar memoria con innovación. Sabritas lo entiende: junto a su campaña emotiva, amplía su portafolio con sabores audaces (Crema y Especias, Adobadas), asegurando que la nostalgia no se convierta en un museo, sino en un puente hacia nuevos rituales.

El futuro es un recuerdo por crear

En 2025 mientras Sabritas invita a los millennials a robarse una papa antes de tiempo, otras marcas teclean frenéticas en el mismo teclado emocional. La pregunta no es si la nostalgia vende —ya lo hace—, sino cuánto durará el hechizo. Por ahora, el mensaje es claro: en un mundo de incertidumbre, el pasado no es refugio; es el terreno más fértil para sembrar lealtad. Y si de paso vendes papas, mejor.

 

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