Nuestra “Lattice” interna, la fascia

Mariana Chávez Novelo, columnista en InformaBTL
Mariana Chávez Novelo, columnista en InformaBTL

Hay dolores que sientes en el cuerpo, pero no sabes de dónde vienen. Tal vez esa mandíbula que se tensa sin motivo, el estómago qué se oprime como si esperara una amenaza, esa carga en la espalda en forma de dolor constante y aunque has intentado relajarte, respirar profundo o calmar tu mente, algo en ti sigue en alerta. Esa tensión silenciosa se va almacenando en la fascia y lo afecta todo.

 

Inteligencia que conecta al cuerpo

La fascia es un tejido conectivo, fuerte y flexible, un sistema continuo que existe de la cabeza a los pies sin interrupción, es una red viva, un sistema de distribución de tensión, absorbe impactos, almacena energía, envuelve y protege cada músculo, mantiene a los órganos en su lugar, está compuesta de células.

Es como una telaraña interna que lo mantiene todo unido, pero lo más impactante es que esta red no sólo sostiene tu estructura física, también guarda experiencias cuando el cuerpo ha pasado por situaciones de amenaza propias o heredadas, es decir que guarda información del cuerpo energético y espiritual.

 

Una red que guarda memorias de experiencias

Estudios en epigenética una rama de la biología que explica cómo las experiencias emocionales pueden modificar la expresión de los genes sin alterar el ADN en sí, han demostrado que los estados emocionales intensos como el miedo, el estrés esta supervivencia extrema, pueden dejar huellas en el sistema nervioso (cuerpo físico) y transmitirse a nivel generacional como trauma heredado o intergeneracional (cuerpo energético y espiritual).

Estas respuestas de supervivencia activan la fascia y los patrones de defensa del cuerpo, quedando registradas como códigos de alerta que pueden transmitirse a los descendientes.

La fascia está íntimamente conectada con los mecanorreceptores y propioceptores que informan al cerebro si el entorno es seguro o amenazante, esta alerta activa el sistema simpático manteniendo al cuerpo en estado de lucha o huida, esto condiciona la postura manteniendo al cuerpo en alerta, una respiración superficial que alimenta el mismo ciclo de defensa el cuerpo, emociones recurrentes, pensamientos tensos e incluso la capacidad de habitar plenamente el presente viviendo un pasado que ya ocurrió, heredando la reacción corporal ante esa historia y la respuesta fisiológica a ellos.

Pero cuando recibe un estímulo suave sostenido y consciente puede reinterpretar esa señal como una invitación a relajarse, liberar esas memorias grabadas en el sistema nervioso cuerpo y dejar de transmitirse a nivel generacional.

 

Técnicas de automasaje para transformar la energía

Tratar el estrés con técnicas como el tapping (Emotional Freedom Technique) ha sido una gran pausa saludable muy solicitada entre las áreas de administración y finanzas.

Se basa en la digitopuntura, implica dar golpecitos suaves, ejercer presión o masajear con los dedos puntos específicos para generar una carga piezoeléctrica que se transmite a través del tejido conectivo, de nuestra “lattice”.

La fascia, cuando esta carga va asociada con el recuerdo consciente de un trauma y con la conciencia del lugar del cuerpo que alberga la memoria primaria del trauma, se activan los genes de inducción inmediata implícitos en la curación y se libera la tensión del sentimiento físico en ese lugar lo cual se lleva consigo la atención de la emoción relacionada con el trauma.

Estos toques no buscan forzar un cambio sino enviar una señal clara de calma al sistema nervioso y al campo emocional del cuerpo que es nuestro cuerpo energético.

El sistema nervioso comienza a reorganizar la información recibida y a consolidar la nueva sensación de seguridad. Es como si la fascia después de haber soltado parte de la defensa heredada necesitará reaprender cómo habitar un estado más flexible y menos tenso.

Desde una perspectiva biológica el cerebro registra que la respuesta de alerta ya no es necesaria, desde una perspectiva energética el cuerpo se realinea al liberar esa fuerza atrapada con una vibración más tranquila y presente.

Este proceso también representa una reconciliación con el cuerpo espiritual porque se abre la posibilidad de habitarlo con mayor conciencia y gratitud, como una sensación de conexión silenciosa que nace en el tejido y se expande, comienza a construir una nueva geometría basada en la calma, la presencia y la confianza.

Es increíble todo lo que sucede en el cuerpo con tan solo unos toquecitos.

¿Si tu cuerpo ya no estuviera reaccionando al pasado que espacio nuevo podría abrirse para la vida?

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