La semana pasada se aprobó gravar con un IVA del 16% el alimento para mascotas, así como la compra de perros, gatos y otras pequeñas especies (como el hámster de mis hijos).

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Una de las razones por las que se propuso gravar el alimento para mascotas es por considerarlas un lujo, o más textualmente “que quienes adquieren estos bienes reflejan capacidad contributiva y, en consecuencia, se trata de manifestaciones de riqueza que deben ser gravadas”, por lo que la propuesta incluyó gravar la compra de mascotas y su alimentación.

Según el INEGI hay 18 millones de mascotas, que por lo menos reciben cuidados y alimentación. Les quiero compartir algunos numeritos que nos pueden ayudar a entender quiénes son los hogares que actualmente están compran alimento para mascotas, que son a quienes impactará directamente este nuevo impuesto. La mitad de los hogares urbanos en México tienen mascotas. En los hogares con perros como mascota, 7 de cada 10 los alimentan con croquetas y aquellos que tienen gatos, 6 de cada 10 también les compran alimento empacado.

Según la nueva propuesta impositiva, se podría esperar que la mayor parte del alimento para mascotas fuera comprado por los niveles altos pero si lo analizamos, en cuanto al número de hogares que compran alimento para sus mascotas, encontramos que la mayor parte (64%) son de estratos económicos bajos. La mayor parte de los hogares que tienen un animalito de compañía son hogares que no tienen un gran poder adquisitivo, por lo tanto, la justificación de fondo para promover este nuevo impuesto no tiene validez. Ahora, estos hogares entonces tendrán que recurrir a alguna de estas acciones en 2014 para atenuar el impacto de estos nuevos impuestos:

1) Comprar a granel: como ya habíamos platicado en otras columnas, es la forma más económica de comprar alimento para mascotas y flexible en cuanto a la cantidad de producto. Es muy probable que hagan más viajes de compra llevando menos para que les alcance.

2) Cambio a marcas económicas o propias: esto lo hicimos durante la crisis, por lo que es muy probable que reaccionen igual los hogares .

3) Alimentación casera: dando sobrantes de los alimentos de la familia como huesos y pellejos.

4) No mantener a la mascota: esta opción es la más extrema pero posible.

Es muy factible también que en muchos hogares reduzcan otro tipo de gastos antes de dejar de alimentar a su amigo canino o felino. Pueden dejar de darse algunos gustos (en alimentación o en belleza) para seguir nutriendo como acostumbraban a las mascotas.

Más que un lujo, las mascotas juegan más roles, son compañía para chicos y grandes, ayudan a que los niños se sensibilicen, sean responsables, sin hablar de los que ayudan a gente con distintas capacidades, como los lazarillos a los ciegos.

Esperemos que esta ley no haga que la gente más humilde no tenga otra opción que regalar a su mascota o dejarla libre. Falta todavía mucha conciencia sobre las adopciones y ahora seguramente menos gente las considerará por ser más caro poder alimentar a un nuevo integrante en el hogar.

Tomemos en cuenta que este impuesto convivirá con otros como el de alimentos “chatarra”, refrescos y bebidas azucaradas, más ISR, etc. por lo que finalmente el poder de compra de los hogares mexicanos se verá afectado. La única forma que el poder de compra no se vea afectado es que los salarios se ajusten de tal manera que logren compensar estas alzas de impuesto, algo que no sucederá para la gran mayoría de los mexicanos.

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