Además de las claras bajas en ventas, pues solo la Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicio y Departamentales (ANTAD) reporta entre sus agremiados una caída de 17.9 por ciento en tiendas comparables, las empresas se enfrentan a otros terribles obstáculos propios de la era del COVID-19, pero las grandes compañías ya dan muestra de soluciones.

Clientes que se resisten a salvar su vida

Parece absurdo pero no lo es, hay gente que aún no cree que exista el COVID-19 y por eso no se quieren colocar cubrebocas al salir a la calle e ignoran las recomendaciones de las autoridades, de la gente a su alrededor y por su puesto en las tiendas, quieren entrar a comprar sin usar protección, lo que ha derivado en diversos casos de agresiones a empleados y reclamaciones por negarles el servicio.

Este es un reto que diversas compañías han sorteado con normas blandas que no hacen obligatorio el uso, pero otras se han aventurado a proteger sus empleados y clientes, tales como: Starbucks, Walmart, Sam’s Club, Best Buy, Costco y Apple, que muestran a las tiendas cómo se debe manejar este reto.

Empleados de tiendas en suspenso

Mientras algunos puestos se pueden ejercer sin mayor problema desde home office, los vendedores de las tiendas no pueden hacerlo si el punto de venta se encuentra cerrado, al menos no hasta que Apple dio una solución win-win. Tras el cierre de varias stores, Apple está animando a los empleados de dichos establecimientos a trabajar en remoto en puestos de apoyo como soporte técnico online, por ejemplo, según Bloomberg. Siempre hay un camino para no afectar a los empleados y las finanzas de la compañía.

Discriminación

La discriminación es un tema actual con poder de destruir a una marca, previamente algunos la cometían sin recibir castigo, pero eso no pasa actualmente. Es por ello que las empresas se enfrentan a capacitar a la perfección a sus empleados para entender cuando es necesario marcar límites a los clientes y cuando no hay que ser tan rígidos.

El ejemplo lo da Walmart, que impidió el ingreso a un hombre de la tercera edad en un horario que no estaba destinado para su rango de edad, lo que terminó incluso en oídos de la Secretaría de Salud y que fue calificado de discriminación. Cuando el empleado creyó hacer un bien, en realidad debió pensar más allá de las normas, un reto propio de las marcas porque son las responsables de capacitar adecuadamente a sus empleados.

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