¿Falta de compromiso con tu equipo? ¿con su trabajo o contigo?

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Temas que nunca pierden temporalidad, mucho menos vigencia, y sobre todo aparece aún más cuando es fin de año, donde realizamos las notas con los recuentos de lo bueno y lo malo. Encontramos quienes son los colaboradores que merecen algún reconocimiento por su trabajo, por sus logros, por su empatía, por su disposición y proactividad con el equipo, con nosotros, con la empresa.

¿Pero que es todo esto? El compromiso al final es un acuerdo que refleja objetivos y logros de una manera formal profesional y personal, que muestra la verdadera identidad de una persona y su forma de llevar a cabo dicho acuerdo con su trabajo, su convivencia, empatía, que siempre será evaluada y comentada por los altos mandos de una organización.

Lo que es un hecho es que cuando tomamos un empleo, más allá de tener entregables, se genera un acuerdo o compromiso de manera personal, que pareciera que se escribe en el aíre pero que puede tener más relevancia que lograr los objetivos del puesto para el que se está contratando.  Pasando el tiempo pareciera que además de los objetivos del puesto, los acuerdos o compromisos que describen también empiezan a empolvarse o diluirse en el día a día de la vida.

¿Qué hacer y como identificar el momento para renovar dichos acuerdos, tanto entregables como el personal con el jefe o compañero? Sobre todo, cuando vemos que dichos acuerdos o compromisos empiezan a desaparecer, mostrándose la terrible monotonía del día a día.

Aquí te presento algunos síntomas que te hacen ver si tu equipo o colaboradores empiezan a tener señales de alerta, de que algo no está bien y toca generar, platicar y desarrollar nuevos acuerdos antes de que sea demasiado tarde:

  1. Falta de optimismo, ven todos los proyectos y procesos como si fueran engorrosos y prácticamente imposible de lograr.
  2. Impuntualidad, nunca están a tiempo inclusive en juntas internas, siempre hay que esperarlos.
  3. No sueltan su celular, es decir, pueden mantener dos conversaciones y dan la apariencia que no es importante la tuya.
  4. Actitud negativa, nunca están conformes, siempre hay un problema, lo externan y hacen que los demás se den cuenta.
  5. Baja productividad, nunca entregan algo más, se limitan a hacer su trabajo, y el tiempo siempre es justo lo necesario. Si hay un error lo aceptan si buscar soluciones o como enmendarlo. Mucho menos se disculpan por lo sucedido.
  6. Falta de iniciativa, no buscan ayudar o adoptar otro tipo de responsabilidades que no sean las suyas, y evaden algo que pudiera generarles conflictos o mas trabajo.
  7. Absentismo, buscan siempre faltar, llegan tarde a la oficina, buscan encontrar días de asueto, salir lo antes posible, etc.
  8. Mal atención al cliente, tanto externo, como interno, solamente cumplen y buscar una mejor experiencia al cliente, no pasa por su cabeza.
  9. Amor al mínimo esfuerzo, la frase lo dice todo, entre más fácil sea todo ya la primera, ¡mejor!

Estos son algunas de las señales más comunes cuando vemos que un colaborador o integrante de nuestro equipo ya no tiene compromiso con su trabajo. Se nota una desconexión emocional y personal con los primeros acuerdos y sobre todo con su trayectoria profesional-personal en la organización. Desafortunadamente, esto se vuelve un peligro para el colaborador, para el equipo y la organización, pues los errores se vuelven comunes constantes, la productividad y creatividad en los negocios baja considerablemente, sobre todo, se generan pérdidas de clientes y económicas.

Esto en realidad se vuelve una enfermedad interna que si no se atiende rápidamente se puede extender a otros colaboradores de la empresa.  Hablando de la persona, es todavía peor, pues esta se vuelve un “preso espiritual”, es decir su pensamiento y proactividad se estanca y de manera profesional, se desdibuja su imagen y su reputación cae en caída libre. Desafortunadamente esto no termina bien para ninguna de las partes.

¿Qué hacer?, un buen líder debe estar al pendiente constantemente de este tipo de síntomas, y entablar conversaciones recurrentes con su equipo de manera personal; identificar si un colaborador no está a gusto o en línea con los objetivos, buscar su retroalimentación y entablar una conversación franca buscando puntos en común y generar nuevos acuerdos que refresque el compromiso y se logren los objetivos.

Si tú eres un colaborador, y tienes más de dos síntomas, provoca dicha conversación con tus superiores encontrando puntos de acuerdo para seguir creciendo, pero sobre todo como persona. Es muy importante identificar esto y atenderlo lo antes posible, pues es algo que de ninguna manera nos ayuda ni ahora ni en un futuro como carrera.

Recordemos que las empresas, están hechas de personas, que trabajan con y para otras personas, por lo tanto debemos estar siempre atentos a desarrollar un buen liderazgo y sobre todo un buen ambiente que nos haga brillar como equipo, como amigos, como familia.  Y eso es lo que hacen los verdaderos líderes, cuidar a sus integrantes y amigos.

Y tú, ¿cómo construyes tu imagen?

 

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