En la actualidad, las tecnologías de la información han permitido recopilar, almacenar y estructurar millones de datos que antes simplemente pasaban, por así decirlo, desapercibidos. Ahora estos registros son procesados y estudiados por las empresas con distintos fines, que va desde la mejora en la experiencia del usuario hasta para la generación de estrategias que sean mucho más efectivas. Sin embargo, casos como el de Cambridge Analytica o el de Cultura Colectiva, donde se ha usado información para desarrollar contenido, el cual tiene un impacto importante en la opinión pública y en la percepción, han puesto sobre la mesa de dónde ha quedado la ética en el uso de la información.

Aunque en los últimos años ha habido un gran avance en la legislación mundial que versa sobre la utilización de la información (por ejemplo, el Nuevo Reglamento de Protección de Datos Personales de la Unión Europea que surgió a raíz de la situación con Cambridge Analytica), lo cierto es que no todos los países han avanzado a la misma velocidad en la generación de este tipo de normativas, lo que ha provocado que haya quien aproveche y actúe al margen de la legalidad.

Si bien es cierto que las muchas compañías trabajan de la mano con sitios como Facebook o como Google para lanzar campañas generadas a partir de sus bases de datos y con fines comerciales, hay algunas otras empresas que han hecho uso inadecuado de la información.

Es necesario que muchas empresas cambie su chip respecto al pensamiento de que “el fin justifca los medios”. Es conveniente que tomen más consciencia sobre el impacto de sus acciones en la sociedad.

Las empresas deben hacer una valoración de sus acciones y sus consecuencias, así como de las implicaciones éticas que tiene tanto en el consumidor usar su información en ciertos contextos y para determinados fines.

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