Empatía: Habilidades Socio-Emocionales, las competencias del siglo 21 (ésta es mi favorita)

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Definitivamente la empatía es la habilidad socioemocional más relevante para nuestros tiempos. Claro que todo el tema del autoconocimiento y la autoconciencia nos llevan a generar empatía, y obvio esto las hace imprescindibles, pero creo vehementemente que quedan en segundo plano cuando hablamos de sociedades. Es decir, puede que el mundo sea mejor si todos tenemos más consciencia de nosotros y nuestros actos, pero definitivamente el mundo sería otro si todos fuéramos más empáticos, aunque esto sí  representa una auto-consciencia de nuestras emociones y no solamente de nuestras acciones. 

Todos hemos escuchado de ella, muchos la reconocemos como una competencia importante, pero pocos la generan asertivamente, incluso hay a quien se le imposibilita en su totalidad (claro, son muy pocos los casos). Isabel Córcoles la define como “la identificación mental y afectiva de un sujeto, con el estado de ánimo de otro”. O sea, relacionarte con el otro porque logras entender su emoción, sabes lo que siente porque has generado esa misma emoción alguna vez y entonces eres lo suficientemente humano (esto último ya es cosecha mía), para hacer algo por él o ella, evitarle un daño o dolor, o gozar junto con esa persona, su éxito.

La empatía se vincula totalmente con el cerebro, sin embargo, también es una actitud social que uno puede aprender. Voy a explicar el primero. Se considera neurológico porque está relacionada con las neuronas espejo. Emilio García (Revista de Psicología y Educación, 2008) en sus estudios con relación a ésta, comprobó que entre más alto sea el nivel de funcionamiento de estas neuronas, es mayor la posibilidad de generar empatía. Estas neuronas se especializan en entender no sólo las acciones de los otros, sino también sus intenciones, el significado social de sus comportamientos y emociones. Así como con el lenguaje. Se llaman espejo porque todo comienza desde una imitación. Como cuando le sonríes a un bebé y éste te sonríe de vuelta. Es muy común ver en los cuneros de los hospitales que si un niño llora, enseguida empieza a llorar el otro y así sucesivamente, esto es porque los bebés, aunque no sepan que no es su dolor, lo imitan naturalmente y de ahí le dan un significado y aprenden. Esto ultimo depende de la interacción con el ambiente, sobre todo con los padre en sus primeros años de vida, es un mecanismo de aprendizaje temprano que generará en el cerebro un código de valores por la valía emocional que le se otorga a cada conducta. 

¿Qué dimensiones tiene la empatía?

Al igual que las otras habilidades, tiene 5 dimensiones que la conforman:

1. Bienestar y trato digno

Goleman afirma que “la empatía se construye sobre la consciencia de uno mismo; cuanto más abiertos estamos a nuestras propias emociones, más hábiles seremos para interpretar las emociones de los demás”. La auto-empatía hace posible reconocer los sentimientos y emociones del otro, por que primero las experimentamos con nosotros. Si no existe una propia consciencia de lo que sentimos, jamás podremos relacionarnos con alguien más, es imposible. De ahí la importancia del segundo tema que tocamos, y por ende el primero, pues una no existe sin la otra. No puedes tratar a una persona con dignidad sino no sabes lo que es dignidad y el primer aprendizaje de ésta es sentirte digno para ti y la vida. 

2. Perspectiva general en situaciones de conflicto

Comprender puntos de vista, necesidades e intereses contrarios a los propios. Cuando podemos generar una visión más amplia del panorama, entonces tenemos grandes posibilidades de realmente empatizar con quien sea. Las situaciones de conflicto son naturales, se dan por el simple hecho de coexistir con los demás. Sus aprendizajes, experiencias, ideas, etc., no son los mismos a los tuyos pero es importante su comprensión, ¡ojo!, no aceptación, pero sí entender el porque para entonces reestructurar tu perspectiva. Ya les decía que perspectiva es realidad, pero esto no implica que no podamos abrirnos a realidades diferentes, y cuando la imagen se amplifica, entonces nos permite mirar más cosas. 

3. Reconocimiento de prejuicios

Identificar las ideas que separan, segregan, excluyen y ver la imperiosa necesidad de transformarlas. Sobre todo el último punto es lo más difícil de todo. Puedes ver las injusticias racionales, sexistas, etc., y sentir pena por aquellos que las sufren, pero tratar de hacer algo para pararlas y cambiarlas, eso es una verdadera empatía, lo otro se queda en lástima por los demás. Y con la lástima no cambiamos al mundo, pero con la empatía sí. 

4. Sensibilidad hacia los que sufren

Sí, esto es infalsificable, se trata de un despertar de sentimientos genuinos por aquellos que su dignidad se ha visto vulnerada. Hacer consciencia del sufrimiento del otro y asumir una responsabilidad. Responsabilidad que muchos evaden por evitarse problemas. Claro que puedes ver que el otro tiene una carga de trabajo terrible y que su death line es en unas horas y además tiene que ir por su hijo a la escuela porque se enfermó y sabes, observas que la está pasando terrible y te sientes mal por él o ella, pero te duró unos segundos y te fuiste a tu casa a descansar. Pocos son los que se ofrecer a ayudar o incluso a terminar el trabajo por ti o ir por tu hijo. Otra vez, lo primero sólo se queda en lástima, lo segundo transciende. 

5. Acciones a favor del otro

Va a sonar repetitivo pero es importante que se entienda. Empatía no es sólo sentir la pena del otro, sino demostrar por medio de acciones que sí te estás relacionando con él  o ella. Para mí se define en tres sencillos pasos. Lo primero es ampliar tu mirada y ver a los demás (deja de estar viendo sólo hacía tu persona), realmente verlos y entonces descubrir que algo está mal; están sufriendo. O todo lo contrario, ver su goce. El segundo paso es relacionarte, como tú ya has pasado por ahí, o sentiste algo parecido entonces puedes espejear esa emoción con el de al lado y revivir el sentimiento. El tercero y último y más importante es generar una acción a su favor, te unes a su causa y luchas junto con él o ella, o disfrutas con ellos. Haces algo por cambiar la situación, por ayudarlos de verdad, por generar una diferencia. Es de seres vivos sentir la pena del otro, pero es de grandes seres humanos actuar ante ésta. 

¿Cómo desarrollar empatía?

Lo maravilloso es que sin importar la cantidad de neuronas espejo que tengas genéticamente, la empatía la podemos desarrollar de manera social. Podemos reprogramar ideas y pensamientos mediante el entendimiento de nuestras emociones, la observación de las emociones del otro y la comprensión de dar lo que a uno le gustaría recibir. Podemos enseñarnos a nosotros mismos y a nuestros hijos; cuestionando lo que sentimos, haciendo un análisis de la situación, no sólo desde tu perspectiva sino desde la de los demás. Aprendamos a situarnos en el lugar del otro antes de criticar, juzgar, reclamar, etc. El clima laboral de cualquier empresa se vería seriamente afectado de forma positiva si desarrollamos esta competencia. Hoy sufrimos acoso, chismes, incomprensión de nuestros propios compañeros porque no hemos aprendido a mirar al otro. 

Somos capaces intelectualmente de comprender lo que sucede en este mundo, en nuestra sociedad, en nuestra oficina y por supuesto en nuestra casa, pero no estamos acostumbrados a pensar realmente en “el otro”, a cuestionar lo que le puede estar pasando, a analizar su situación y ponerse en sus zapatos. Al hacerlo, nos podemos dar cuenta que tal vez somos más parecidos de lo que creemos y que necesitamos del otro para salir adelante. Que el de al lado no es tu enemigo y que sí pueden ser amigos. Quitemos ese paradigma de “yo no vengo a hacer amigos, vengo a hacer mi trabajo”, porque sí, hay que hacer un trabajo, pero entre amigos, se puede hacer mejor. Y no hablo de mejores amigos y se vuelvan íntimos, pero sí de ser capaces de formar un equipo eficiente; éste no sólo se forma de individuos por separados, sino de la sinergia que se pueda crear entre ellos. Citando a Rizolatti, “si queremos sobrevivir (como sociedad), debemos interpretar las acciones de los otros”. 

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