Gasolina sin comisión: ¿quién se queda el ahorro?

El precio de la gasolina sube. Foto: Alberto Sánchez / InformaBTL.
El precio de la gasolina sube. Foto: Alberto Sánchez / InformaBTL.
México redujo temporalmente la cuota de intercambio en gasolineras; la prueba será saber si el ahorro llega al precio, al servicio o al usuario final.

Cada vez que un pagamos combustible con una tarjeta, una pequeña parte de la operación comienza un recorrido invisible entre la estación de servicio, el banco adquirente, la red de pagos y la institución que emitió el plástico. Para el conductor, la transacción dura segundos; para el comercio, representa un costo que se repite miles de veces y termina incorporándose a la economía cotidiana del negocio.

México decidió intervenir temporalmente en esa cadena. A partir del 1 de mayo y hasta el 31 de octubre de 2026, el Gobierno federal, la banca y las empresas emisoras de vales acordaron reducir a cero la cuota de intercambio aplicada a determinadas operaciones con tarjetas en gasolineras. La medida pretende disminuir el costo de aceptación de los pagos electrónicos, contener presiones sobre los precios de los combustibles y acelerar la migración desde el efectivo. El cambio, sin embargo, abre una pregunta que ninguna resolución puede contestar por decreto: ¿quién terminará conservando el ahorro?

 

La comisión baja primero para la gasolinera

La disposición publicada por el Banco de México y la Comisión Nacional Bancaria y de Valores flexibilizó temporalmente el registro de cuotas de intercambio reducidas para el giro gasolinero. El nuevo esquema tendrá una vigencia de seis meses desde su implementación y la disposición regulatoria expirará el 31 de octubre de 2026. Las autoridades justificaron la excepción por la necesidad de agilizar la adopción de pagos con tarjeta, fortalecer la trazabilidad y mejorar las condiciones de aceptación en un sector estratégico.

Para pagos con tarjeta de débito, la cuota pasó de un promedio de 0.45% por transacción a cero, equivalente a aproximadamente 2.57 pesos por operación. En crédito, el ajuste fue de 1% a cero, con un ahorro promedio estimado de 7.45 pesos por transacción. Los vales de red abierta recibieron un tratamiento semejante al débito, mientras los de red cerrada obtuvieron una reducción de 1.10 pesos por operación.

No obstante, conviene precisar el alcance. Lo eliminado es la cuota de intercambio, es decir, uno de los componentes del costo total que enfrenta el comercio al aceptar una tarjeta. Según la explicación oficial, esta cuota representa alrededor de 80% de la comisión asociada a la operación, pero pueden permanecer otros cargos relacionados con adquirencia, procesamiento, renta de terminales o servicios adicionales. Presentar la medida como la desaparición absoluta de cualquier comisión podría producir una expectativa mayor que el beneficio real.

El ahorro tampoco llega automáticamente al automovilista. La primera beneficiaria es la estación de servicio, que reduce el costo de procesar el pago. Para que esa disminución se traduzca en un precio menor, una promoción, una mejor atención o una mayor aceptación de tarjetas, debe existir competencia suficiente o un compromiso comercial verificable. De lo contrario, el beneficio puede permanecer dentro del margen operativo del establecimiento o repartirse entre otros participantes de la cadena.

 

Un experimento de 401 millones de transacciones

Las gasolineras ofrecen un laboratorio especialmente valioso para evaluar la regulación de pagos. Entre mayo y octubre de 2025 se realizaron alrededor de 401.3 millones de transacciones con tarjeta en estaciones de servicio, y cerca de 30% correspondió a tarjetas de crédito. Con ese volumen, incluso un ahorro de pocos pesos por operación puede representar una cantidad considerable para bancos, adquirentes y comercios. Expansión estimó que la eliminación temporal de la cuota podría reducir en aproximadamente 1,600 millones de pesos los ingresos de bancos y empresas de vales durante los seis meses del acuerdo.

La escala permite observar algo que suele perderse en la discusión regulatoria: una reducción porcentual modesta puede ser material para una industria que opera todos los días, maneja tickets relativamente elevados y enfrenta márgenes condicionados por precios de mayoreo, logística, impuestos y competencia local.

Al mismo tiempo, el combustible es un producto con poca diferenciación funcional. El automovilista puede valorar la ubicación, la confianza, la limpieza, la velocidad de atención o un programa de lealtad, pero su referencia dominante continúa siendo el precio por litro. Esa transparencia relativa convierte al sector en un buen espacio para comprobar si una baja en costos se refleja en el mercado o queda absorbida por las empresas.

La dificultad consiste en aislar el efecto. Durante 2026, los precios de los combustibles también han estado influidos por la volatilidad internacional del petróleo, los estímulos fiscales, los costos logísticos y los acuerdos gubernamentales para contener los precios de la gasolina regular y el diésel. En julio, el Gobierno incluso señaló a más de 2,000 estaciones que no respetaban los niveles pactados para el diésel, mientras empresarios del sector argumentaron que el precio mayorista y los fletes impedían cumplir en algunas regiones.

Por esa razón, afirmar que una comisión menor producirá de manera visible una gasolina más barata sería metodológicamente débil. El beneficio podría evitar un aumento, compensar otro costo o mejorar la rentabilidad sin modificar el tablero que observa el consumidor.

 

NetPay quiere digitalizar algo más que la terminal

La regulación coincide con el despliegue de una solución de NetPay, empresa de pagos perteneciente al ecosistema de FEMSA, dirigida específicamente a estaciones de servicio. La propuesta permite aceptar tarjetas en pista mediante terminales de uso rudo e incorporar pagos por código QR y CoDi. También contempla la integración de las operaciones con controles volumétricos y sistemas internos para mejorar la trazabilidad, reducir riesgos de fraude y disminuir la dependencia del efectivo.

El planteamiento es más relevante que una simple sustitución de terminales. Una gasolinera no solo necesita cobrar: debe relacionar el pago con la bomba correcta, el volumen despachado, el turno, el empleado, la factura, el inventario y la conciliación bancaria. Cuando esas capas operan de forma separada, aumenta la posibilidad de errores, diferencias de caja, duplicidades, contracargos o fraude interno.

“La digitalización de pagos en México no se trata solo de sustituir el efectivo en el punto de venta, sino de transformar la operación completa de los negocios”, señaló Matías Garrido, Managing Director de NetPay.

La solución también podría complementarse con capacidades de Spin para administrar y dispersar recursos dentro de un mismo ecosistema.

FEMSA opera cerca de 600 estaciones de servicio en 17 estados y adquirió NetPay en 2023 para integrarla a su unidad financiera Spin. Aunque el sistema está abierto al mercado gasolinero en general, la estructura corporativa ofrece a FEMSA un campo propio para probar tecnología, conciliación y servicios financieros en operaciones intensivas en efectivo.

La convergencia entre la reducción regulatoria y la nueva infraestructura tecnológica puede acelerar la aceptación digital. Pero también podría producir un resultado más superficial: estaciones con terminales nuevas que continúan operando con procesos fragmentados, poca capacitación y experiencias deficientes.

 

Digitalizar no consiste únicamente en cobrar con tarjeta

El Gobierno calcula que 47.4% de las operaciones de compra de combustible todavía se realiza en efectivo. La cifra ayuda a explicar el interés por reducir su presencia: manejar billetes implica costos de resguardo, transporte, conteo, depósitos, seguridad y exposición al robo. También limita la trazabilidad y complica la conciliación operativa.

Sin embargo, el efectivo no desaparece solo porque la tarjeta se vuelva más barata. Para algunos automovilistas sigue siendo una herramienta de control presupuestario; para otros, la única alternativa disponible. Obligar o empujar de forma acelerada hacia los pagos digitales sin resolver conectividad, comisiones, fallas de terminales, aclaraciones y protección de datos podría trasladar nuevas fricciones a los usuarios.

La experiencia del cliente también debe cambiar. Una estación verdaderamente digitalizada debería reducir tiempos de espera, emitir facturas con menos pasos, identificar pagos duplicados, facilitar devoluciones, integrar beneficios de lealtad y ofrecer comprobantes claros. Si el consumidor continúa esperando mientras el despachador busca una terminal sin conexión, la innovación habrá ocurrido en el comunicado, pero no en la pista.

Los pagos digitales también pueden mejorar los programas de fidelidad. Una estación que relaciona de forma autorizada la transacción con frecuencia, ubicación, tipo de combustible y consumo puede diseñar beneficios más precisos. El límite debe ser evidente: obtener información no equivale a tener permiso ilimitado para explotarla. Una digitalización madura requiere seguridad, consentimiento, transparencia y mecanismos de reclamación comprensibles.

 

La regulación necesita un marcador público

La medida concluirá en octubre y su mayor debilidad es que podría terminar sin una evaluación suficientemente visible. Las autoridades no deberían conformarse con informar que la cuota se redujo. El verdadero éxito depende de sus efectos.

Banco de México, la CNBV, Hacienda y las asociaciones participantes tendrían que publicar cuántas estaciones adoptaron el esquema, cuánto disminuyó el costo promedio de aceptación, cómo cambió el volumen de pagos electrónicos, qué regiones mostraron mayor avance y si crecieron las quejas por rechazos, cargos duplicados o cobros diferenciados.

También sería útil conocer si aumentó la aceptación de tarjetas en estaciones pequeñas e independientes. Si la medida beneficia principalmente a grandes cadenas que ya contaban con terminales, conectividad y capacidad de negociación, el resultado podría ampliar la brecha tecnológica dentro del sector.

Las gasolineras, por su parte, tienen la oportunidad de demostrar que la reducción no se convertirá en una transferencia silenciosa hacia sus márgenes. No necesariamente deberán reducir centavos de forma inmediata en cada litro; en un mercado expuesto a múltiples costos, esa exigencia puede ser poco realista. Pero sí pueden traducir el beneficio en mayor aceptación, promociones, servicio más rápido, procesos seguros y menor dependencia del efectivo.

La reducción de la cuota de intercambio es una intervención pequeña frente al tamaño del mercado energético, pero suficientemente concreta para evaluar una pregunta de fondo: cuando la regulación abarata un pago, ¿el valor llega hasta el ciudadano o se detiene antes? México ya bajó el costo invisible que corre detrás de la tarjeta. Ahora tendrá que medir, con la misma precisión, quién conservó los pesos que dejaron de cobrarse.

 

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