El legendario Jules Rimet, creador  de la Copa del Mundo de futbol y el visionario que configuró la actual estructura de la FIFA inmortalizó antes de fallecer en 1962 una frase que en la actualidad ya no tiene vuelta de hoja: “Hay que tener mucho cuidado porque el futbol se está convirtiendo en un negocio”.

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Esta semana se puso en marcha la Champions League, el torneo a nivel de clubes más importante en todo el orbe y aunado a eso el bombardeo futbolero viene acompañado con destellos de Europe League, Liga española, Bundesliga, Serie A (Calcio italiano), Erevidisie, Concachampions, Copa Sudamericana, MLS, Liga MX, Copa MX… bla-bla-bla. A donde volteemos, a donde dirijamos la mirada, en la casa, en el trabajo, en la calle, en el restaurante, en el cine, en la laptop, en el Smartphone, un balón nos persigue, nos acosa y al final muchas veces más que por pasión, sino por una socorrida necesidad de satisfacer al deseo incontrolable de la curiosidad estamos ávidos de resultados. No lo podemos evitar, la epidemia nos alcanzó y consumimos futbol mañana, tarde y noche.

Ese esquema estratégico de marketing y BTL para atraer más y más aficionados es el punto mediático al que hace poco más de medio siglo hacía referencia Jules Rimet. Somos clientes de la crema y nata de lo que ahora es una de las empresas más poderosas de todo el mundo, la FIFA pues más que una Federación Internacional de Fútbol Asociación –de ahí sus siglas- funge como un verdadero mercado trasnacional, al que cada vez múltiples marcas están afiliadas y que tiene de alguna manera millones de sucursales en cientos de países, ¿y a cuáles me refiero precisamente? A todos aquellas empresas chicas, medianas o grandes que ven al futbol como una estrategia de negocio para lograr posicionarse, para alcanzar su target.

Cada vez más son las marcas que se activan en los estadios de fútbol para estar en contacto directo con el cliente a través de promociones o atractivos juegos y regalos que permitan hacer más estrecha la relación, pues el nivel de confianza es importante en la parte comercial. Pero además, aunque pasan los años y la esencia del futbol como deporte no cambia, no sufre modificaciones, pues el objetivo siempre será hacer el mayor número de goles para conseguir el triunfo por los siglos de los siglos. La parte de negocio tiene que ir a la vanguardia y un claro ejemplo son las APP’s y, con base a mi experiencia, no se requiere ser necesariamente un medio deportivo o informativo para desarrollar una aplicación que le permita a la gente estar al día con la gama de resultados que se generan en las distintas ligas y torneos de fútbol como una creativa estrategia de mercadeo, pues se le puede llegar exclusivamente al público amante del balompié y sin descuidar ni provocar descontento o decepción con la clientela que no está familiarizada con este deporte o simplemente no le interesa.

Los resultados de futbol son las noticias más buscadas y no nada más para estar al pendiente del equipo favorito, sino por las apuestas que cada vez juegan un papel primordial en el futbol mundial y por ende en el mundo de los negocios, por lo que el interés con todos los marcadores del momento tienen un ingrediente especial.

La propuesta de una aplicación futbolera puede dejar mucho mejor posicionada a cualquier marca, dependiendo también del manejo de la información: estadísticas, goles, resultados, inmediatez, jugadores, equipos, estadios. Incluso, cada elemento adicional puede ser el punto clave para una activación que permite a la marca interactuar directamente con el cliente.

El futbol como negocio ya es un decreto universal irreversible… El futbol vende… El futbol es marketing… Cualquier empresa o marca puede sacarle jugo partido por partido porque una buena estrategia de BTL para estar en contacto directo con el aficionado puede resultar la mejor alineación que al final del juego se canalizará en goles de ingresos productivos.

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