El nadador más grande de la historia, y no por su velocidad y agilidad en el agua, sino por su tamaño, fue presentado cerca del Puente de Londres, justo al lado del Río Támesis. Pero no se trató de un nadador cualquiera, más bien de un personaje irreal que invadió las calles para protagonizar lo que sería una auténtica acción de guerrilla marketing.