Es un gravísimo error valorar nuestros esfuerzos de content marketing on-line por el número de views o vistas que tuvo nuestro video, y basar el éxito de su viralidad solamente en ello.

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Si quieres lograr miles de views en tu campaña de Content Marketing, déjate de romper la cabeza y echa mano a tu presupuesto destinado a estrategias online para contratar una campaña de SEO y posicionarlo de la mejor manera en la red, asegúrate de usar palabras clave, publicarlo en un momento adecuado, etc, etc. De hecho, con una buena campaña de optimización, cualquier contenido, por más insulso que éste sea, puede lograr decenas de miles de reproducciones (gracias a miles de víctimas que se lo tuvieron que fumar sin disfrutarlo).

Sin embargo, un contenido es REALMENTE exitoso cuando salta de la red a la vida real.

Cuando hablamos de él en nuestras reuniones de amigos y en el trabajo, lo compartimos a familiares, cuando bailamos Gangnam Style en las bodas (o el famosísimo “Pollito Pío” en el más valeroso y jocoso de los casos), cuando se crean licencias para ser vendidas a fabricantes de productos y se producen juguetes, mochilas, ropa, utensilios con el tema o concepto de nuestro contenido.

Cuando un video es MEMORABLE, por la razón que sea, es cuando alcanza las cifras mayores a 6 dígitos en repeticiones, y aparece una y otra vez en los muros de Facebook o en los links de Twitter.

Pero qué hace que un video se vuelva memorable y alcance descomunal éxito. Es imposible definir una receta exacta, pero lo que esos videos si tienen en común son dos cosas: originalidad y empatía. De qué otra manera podríamos explicar cómo Gangam Style, Numa Numa o la nueva sensación en Youtube Ylvis–The Fox? (12.7 millones de reproducciones) han podido lograr una difusión tan ejemplar.

¿Qué hubiera pasado con la canción de Los del Río: “Macarena”, si hubiese salido en la época actual? Muy probablemente tendría de los 14.4 millones de reproducciones que ahora tiene, ya que hasta el mismo Bill Clinton la bailó.

Muchas veces las genialidades no apelan a la razón, sino a la emoción del momento. Tienen ese “no sé qué, que qué sé yo” que las hace únicas y nos invita a compartirlas. No podemos resistirnos.

De regalo, aquí les dejo otra gran genialidad incomprendida: Sexy Sax Man, que tiene ya 21.2 millones de reproducciones:

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