Es interesante que “la paciente cero” como ella se autonombra, nos permita adentrarnos al caótico mundo del desprestigio personal proveniente de los planos digitales. Pues para ser honesto, su exposición con esa historia que va de la superación al lamento, muestra los adjetivos que podemos observar de manera consistente en nuestra cotidianidad.

Esa es la razón por la que he coronado estas líneas bajo el título que ha leído. Vivimos un siglo que comenzó con muchos bombos y platillos, recordemos que somos los sobrevivientes del fin del mundo número “n”, bajo dicha premisa también nos internamos a sobrepasar la línea en muchas otras cosas, algunas de las principales son el pudor, la privacidad, el honor y la libertad.

Se preguntará usted que tiene que ver lo anterior con la mercadotecnia, en particular con la publicidad, la razón es muy sencilla, los mercadólogos y publicistas somos un especie de cazadores y traductores de tendencias, por una parte es fundamental detectarlas y por otra generar las condiciones para que sean digeribles para los consumidores.

Lo lamentable es que en los últimos años, hemos diluido cualquier tipo de límite, el ridículo se ha convertido en parte de la publicidad, basta ver el comercial de galletas Emperador y el conductor de noticias que estando al aire la regó funestamente. Algunos dirán que más que cínicos y humillados nos hemos convertido en una sociedad consiente que se divierte con sus propios errores, otros lo vemos como una dinámica autodestructiva en donde se comprometen los valores esenciales de la vida humana.

Tal vez por eso es momento de detenernos y plantearnos una perspectiva distinta en las propuestas que realicemos para el 2016, podemos seguir usando el humor, pero si estamos consientes de nuestro aporte social, evitaremos trastocar la vulnerabilidad, pues el sentido es preservar la integridad, el comercio de por sí es mal visto, como para valernos de cualquier artilugio para vender, si realmente somos creativos, pongámonos el reto de buscar respuestas alejadas del ridículo y la humillación.

Como dirían las voces populares, “es muy fácil burlarse de los demás, pero hacerlo de uno mismo es difícil”, el problema es que en nuestros días esa dificultad se vino a bajo por la ambición de ganar seguidores y likes, lo mismo le acontece a las marcas, a las instituciones gubernamentales y organizaciones civiles.
Iniciemos un año en donde “el sexo oral” sea una actividad intima, en lugar de convertirse en un suceso mundial, pues el único activismo de Mónica radica en mostrarnos la enfermedad de nuestros días, sin presentarnos una ruta para obtener la vacuna, por tanto, mientras la encontramos, optemos por retornar a la decencia como un medicamento preventivo.

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