El mapa global del negocio deportivo acaba de reacomodarse. Anta Sports Products, la mayor marca deportiva de China, acordó la compra de 29.06% de las acciones de Puma por 1,500 millones de euros (US$1,800 millones), convirtiéndose en su principal accionista.
La transacción, reportada por Reuters, se realiza en un momento clave para Puma, que busca reactivar su crecimiento tras perder terreno frente a competidores como Nike, Adidas y marcas emergentes como On Running.
Una venta estratégica para la familia Pinault
La participación fue adquirida a Artemis, el vehículo de inversión de la familia Pinault, que también controla el conglomerado de lujo Kering. Artemis venderá su participación a 35 euros por acción, una prima de 62% respecto al precio de cierre previo de Puma.
De acuerdo con Reuters, la operación permitirá a Artemis reducir su nivel de deuda, al tiempo que refuerza su estrategia de enfocarse en activos considerados estratégicos. La familia Pinault había calificado previamente su participación en Puma como no estratégica, tras reposicionar Kering como un grupo puramente de lujo.
El mercado reaccionó de inmediato: las acciones de Puma llegaron a subir hasta 17% y cerraron con un alza cercana al 9%, pese a encontrarse todavía cerca de su nivel más bajo en una década.
China, la gran oportunidad para Puma
Uno de los ejes centrales del acuerdo es el crecimiento de Puma en el mercado chino, donde hoy solo genera alrededor de 7% de sus ingresos globales.
Desde la perspectiva de Anta, ahí está el mayor potencial. Wei Lin, vicepresidente global de sostenibilidad y relaciones con inversionistas de Anta, señaló a Reuters que la compañía cuenta con conocimiento profundo del consumidor chino y experiencia probada para escalar marcas occidentales en ese mercado.
Anta no es nueva en este tipo de movimientos. Es el principal accionista de Amer Sports, grupo dueño de Salomon, Arc’teryx y Wilson, marcas que han logrado crecer incluso en un entorno donde Nike y Adidas han enfrentado presión.
Puma, en plena reestructura
La inversión llega en un momento delicado para Puma. La compañía atraviesa un proceso de restructuración operativa, luego de que lanzamientos recientes —como los sneakers Speedcat— no lograran el impacto esperado.
Desde julio pasado, el nuevo CEO Arthur Hoeld puso en marcha un plan de recuperación que incluye recortes de 1,400 empleos, ajustes en el portafolio de productos y una reducción en el nivel de descuentos para proteger márgenes.
Anta aseguró que no buscará una adquisición total de Puma, aunque sí pretende solicitar asientos en el consejo una vez cerrada la operación, sujeta aún a aprobaciones regulatorias y antimonopolio.
Un movimiento que redefine la competencia global
Más allá de la operación financiera, la entrada de Anta como mayor accionista de Puma refleja una tendencia estructural: el avance de los grupos chinos como arquitectos del nuevo equilibrio en la industria deportiva global.
Mientras marcas europeas y estadounidenses enfrentan presiones por costos, saturación de producto y cambios en el consumo, Anta ha demostrado que escala, control de cadena y entendimiento local pueden ser ventajas decisivas.
El reto ahora será claro: si Anta logra replicar con Puma el éxito que tuvo con otras marcas occidentales, el tablero competitivo del sportswear podría cambiar de forma permanente.
Y esta vez, el crecimiento no vendrá desde Europa o Estados Unidos, sino desde Asia.
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