La doble moral con las medidas de higiene en tiempos de COVID

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¿Realmente hemos adoptado las medidas de higiene para hacerlas parte de nuestros hábitos cotidianos o sólo las hacemos a medias por obligación? Veamos...

Ya han pasado cuatro meses desde que el coronavirus vino a sacudir nuestro país y le metió una tranquiza al sector salud y a la economía. Desde entonces no podemos hacer determinadas actividades aunque simples, como ir al súper, como estábamos acostumbrados.

¡Quién fuera a pensar que en pleno 2020 apenas estamos aprendiendo cómo lavarnos las manos correctamente para evitar enfermedades!, y qué decir de taparse la boca al toser o estornudar…

¿Realmente hemos adoptado las medidas de higiene para hacerlas parte de nuestros hábitos cotidianos o sólo las hacemos a medias por obligación? Veamos…

Tu negocio, tus medidas

Todos los establecimientos o empresas se rigen por las medidas dictadas a nivel federal; aunque el diablo está en los detalles. Un gran porcentaje de comercios ofrecen gel antibacterial antes de entrar a las instalaciones; no obstante, no todos son de la mejor calidad: unos contienen un porcentaje menor de alcohol al recomendado, otros parecen pegamento al dejar las manos pegajosas, algunos están diluidos para que rindan más, disminuyendo eficacia al producto.

Negocios de comida callejera han implementado las medidas: gel antibacterial, sana distancia, colocar hules o plásticos para evitar el contacto directo con los clientes, pero con las mismas manos que preparan los alimentos te reciben el dinero sin lavárselas. No usan ni del gel que ofrecen para tener limpieza.

¿Qué congruencia tiene eso? Y si piensas: “bueno, eso sólo pasa en changarritos, en las grandes empresas es diferente”, no estés tan seguro.

No importa el tamaño, sino quienes lo componen

Aunque las medidas sí suelen ser más rígidas en organizaciones más grandes, el dilema está en el interior con los trabajadores. Al tratar con gente externa como clientes o proveedores, suelen ser muy estrictos; sin embargo, entre compañeros son muy laxos llegando a romper las normas de higiene.

No está a discusión, usar cubrebocas o careta después de lapsos prolongados es incómodo, pero no por trabajar bajo el mismo techo con tus compañeros significa que dentro de la organización estarán libres de contagios. Tú puedes cuidarte muy bien, pero ¿qué hay de tus compañeros? No todos tienen los mismos hábitos de higiene que tú, no todos salen a la calle para lo estrictamente necesario…

El problema no es qué tan molesto es el tapabocas o careta, sino que no se actúa con congruencia: o todos coludos o todos rabones. Si se actúa de forma rígida con gente externa, se debería seguir la misma línea con los de casa. Todos son vulnerables.

Un golpe donde duela

Aunque los empleados se rigen por los lineamientos de la empresa, algunos seguramente siguen dudando respecto a la veracidad del SARS-CoV-2, ergo, no se toman con seriedad las indicaciones de salubridad: quitándose el tapabocas, no usar gel antibacterial, evitando la sana distancia, ¿qué se puede hacer ante esa necedad?…

… dar un golpe en donde más duele: el dinero. Imponer multas, a nadie le gusta que le rebajen de su salario. Cierto, las multas no harán que la gente crea la veracidad del virus, aunque seguramente se la pensarán en romper las reglas.

Si bien no siempre es bueno ser rígido con las reglas y sanciones, sí es recomendable serlo cuando se compromete la integridad de la gente, así como los intereses de la organización. Debe quedar claro, no importa el puesto que tengas, si las reglas sanitarias son para todos, las multas también, no debe haber privilegios.

Conclusión

El problema respecto a esta cuarentena está ligado con las creencias, las costumbres de higiene, la prudencia y la sensibilidad por el daño al prójimo. ¿Cuántos no han recibido gente en su casa para hacer pequeñas convivencias, al cabo “no pasa porque son puros conocidos”? Otros sólo usan tapabocas en su trabajo porque es obligatorio, fuera de las instalaciones prefieren no usarlo aunque estén rodeados de más personas. Hay quienes no respetan la sana distancia a pesar de contar con marcas en el piso para saber dónde pararse y un largo etcétera.

Pocos son los que tienen la contundencia para ejecutar las medidas de cuidado. Por ejemplo, en algunos negocios la limpieza de objetos compartidos (como los carritos del súper) es superficial; no existe una verdadera convicción sobre estas nuevas medidas de higiene.

Esta temporada refleja quiénes somos, nuestra educación, nuestros valores, la importancia hacia el prójimo y lo más importante: las ganas que tenemos de vivir. ¡Demuestra tus convicciones! Si no jalamos parejo sólo prolongaremos más el encierro.

Procura ser luz en estos momentos de tinieblas. Tu actitud también se puede contagiar.

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