El pasado viene por ti

Hanzel Monge, Associate Marketing Manager en Polaris México
“Así es como hacemos las cosas”. La excusa para no pensar, que mata lentamente a las compañías.

Muchas marcas, empresas y personas operan desde decisiones tomadas hace años: el primer cliente, el primer pitch ganador, la primera campaña aplaudida. Esas decisiones, que nacieron como soluciones contextuales, con el tiempo dejan de ser estrategias y se convierten en dogmas internos.

No se cuestionan. Se obedecen.

Así se crean los patrones de comportamiento que disfrazamos de experiencia y que, en realidad, son una zona cómoda. Repetimos fórmulas no porque sigan siendo efectivas, sino porque ya “nos la sabemos”.

El problema no es haber tenido éxito antes. El problema es creer que el pasado nos va a dar los mismos resultados en el futuro.

 

LA OBSOLESCENCIA CASI NUNCA AVISA

Cuando una marca deja de evaluar lo que hace frente al contexto social, económico y cultural actual, empieza algo que es prácticamente imperceptible. Se desgasta lentamente. Pierde relevancia sin darse cuenta. Se vuelve… irrelevante.

Estos dogmas son los que hacen que las personas con “más experiencia” tomen decisiones desde un punto que se siente seguro. Son los mismos que matan ideas nuevas porque “no es como hacemos las cosas”.

El miedo a abrir nuevos procesos de marca es constante. El fundador lo hizo así… ¿para qué cambiar algo?

Y no, esto no significa prostituir valores para perseguir tendencias. Solo las marcas débiles cambian de discurso cada temporada. Las sólidas mantienen sus valores, pero actualizan cómo operan para seguir siendo relevantes.

Evolucionar no es traicionar tu origen. Es evitar que tu origen se convierta en un ancla.

 

LA RUTINA TAMBIÉN TOMA DECISIONES

El estancamiento rara vez se siente como estancamiento. Se siente como eficiencia, como proceso probado. Un constante “ya me la sé”.

La mayoría de las decisiones que más nos condicionan no son las grandes, sino las primeras. La primera metodología, el primer formato, la primera forma de operar un proyecto.

Esas decisiones iniciales marcan la pauta durante años y se convierten en precedentes invisibles.

Y lo peligroso es que casi nunca regresamos a preguntarnos por qué empezamos así, qué problema resolvía en ese momento y si sigue resolviendo algo hoy.

 

MI COMPA JUAN, EL DE VENTAS

Cuando estaba pensando en la forma más fácil de explicar esto, como buen mercadólogo pensé en Starbucks… y luego me cayó el veinte.

Mi compa Juan. El joven promesa rockstar de ventas. O al menos así lo veíamos cuando empezamos.

Recuerdo la última vez que vi una de sus presentaciones. Ahí estaba, haciendo lo mismo que en su primer trabajo:  40 slides, un intro explicando qué hace la empresa del cliente, un racional técnico que pocos entienden y un cierre optimista de esos que te dan ganas de ir a adoptar perros a la calle.

Le funcionó antes. Ganó clientes. ¿Para qué le iba a mover?

Pero verlo ahí, diez años después, usando la misma estructura, hablando de dinamismo con un estilo sacado directo del 2005, frente a una sala de founders de startup con menos tiempo y otras prioridades… La sala fría. La gente viendo el celular. Y Juan dándolo todo.

Era como ver un globo aerostático incendiándose en el aire. Sabías que todo estaba mal, pero no podías dejar de verlo.

Juan no perdió porque no sabe vender. Perdió porque nunca cuestionó lo que aprendió.

Hoy paga el precio: propuestas que nadie lee y oportunidades que se enfrían. No por falta de capacidad. Por exceso de costumbre.

 

CÓMO SABER SI TRABAJAS POR COSTUMBRE Y NO POR EFECTIVIDAD

Aquí es donde deja de ser reflexión y se vuelve incómodo.

Si quieres saber si tu empresa —o tú— están operando en automático, no necesitas una auditoría compleja. Necesitas hacerte estas preguntas:

1. Si no puedes explicar por qué haces algo, ya es costumbre

Si la respuesta es “porque así se ha hecho siempre”, no es estrategia. Es inercia.

2. Si nadie en el equipo lo cuestiona, ya es un dogma

Cuando un proceso no se puede debatir sin incomodar a alguien, dejó de ser funcional y se volvió cultural.

3. Si el contexto cambió y tú no, estás desfasado

Clientes nuevos, tiempos distintos, expectativas diferentes… Si tu forma de operar no se adaptó, lo que era efectivo ya no lo es.

4. Si repetir te da paz, pero no resultados, hay un problema

La costumbre da seguridad mental. La estrategia da resultados. No siempre coinciden.

5. Si mejorar implicaría incomodarte, vas tarde

Cuando sabes que algo se podría hacer mejor pero implica cambiar hábitos, equipos o procesos… y lo pospones, ya elegiste quedarte igual.

 

EVOLUCIONAR DUELE (POR ESO POCOS LO HACEN)

Reevaluar implica aceptar algo incómodo: que algo que defendiste durante años tal vez ya no es tan efectivo. Implica soltar la frase: “así siempre lo hemos hecho”. Las marcas y las personas que siguen siendo relevantes no son las que acumulan más experiencia, sino las que se atreven a cuestionarla constantemente.

El problema no es el pasado. El problema es seguir operando como si ese pasado todavía fuera relevante. Cada decisión que no cuestionas se sigue repitiendo en tu forma de vender, de comunicar y de pensar, hasta que deja de ser experiencia y se convierte en inercia. Y esa inercia no es invisible: se acumula en tu huella digital, en lo que dices, en cómo lo dices y en todo lo que el mercado interpreta antes de darte una oportunidad. No es que estés haciendo las cosas mal, es que sigues haciendo lo mismo cuando ya no funciona.

Y el mercado castiga la irrelevancia. No te deja de comprar porque fallaste, te deja de comprar porque dejaste de evolucionar. Por eso necesitas atreverte a revisar las decisiones que llevas años dando por correctas. Porque mientras tú sigas defendiendo procesos que ya no responden al presente, el mercado ya tomó una decisión sobre ti… y normalmente no es a tu favor.

 

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