Ya tenemos más de un año que se implementaron los impuestos a las bebidas saborizadas y a los alimentos denominados altamente calóricos, por lo que podemos hacer un balance de cómo estas disposiciones cambiaron los hábitos de consumo de los hogares mexicanos.

Más columnas de Fabián Ghirardelly:
¿Sirven de algo las promociones?
Los mexicanos, campeones mundiales de las compras
El shopper mexicano del 2025
El viaje de compra…toda una aventura

La principal interrogante es ¿están más flacos o más pobres los mexicanos?

Este planteamiento proviene de que los hogares pagaron un 13% adicional derivado de los impuestos, en una amplia gama de alimentos, bebidas saborizadas y alimentos para mascotas, mientras que la inflación, según cifras oficiales en el mismo periodo, fue del 4%; dichas categorías representan 30% del gasto familiar. En este contexto, el hogar mexicano se ha visto obligado a redistribuir su gasto de manera distinta para lograr sobrevivir a esta situación.

Las categorías no gravadas por los nuevos impuestos también se vieron afectadas. Los compradores tomaron parte del dinero que destinaban a categorías como cuidado del hogar y cuidado personal. El resultado fue que están gastando más en productos gravados por los nuevos impuestos, pero se están llevando menos (el volumen cayó en un -1.9%). Con ello entonces todo el mercado fue afectado: unas categorías perdiendo gasto y otras perdiendo volumen.

Visto de otra manera, un mexicano dejó de gastar en ciertas categorías de limpieza tanto personal como del hogar para lograr financiar categorías más básicas que fueron impactadas por estos nuevos impuestos. Es evidente que los hogares mexicanos se han visto afectados y estresados por esta situación.

Los hogares cambiaron a marcas más económicas y compraron tamaños más pequeños, todo esto para acceder a desembolsos más bajos, repartiendo su gasto entre un mayor número de establecimientos, formales e informales, lo que tampoco favoreció a ningún punto de venta. Muchos de estos cambios en la forma de comprar de los mexicanos los hemos visto en años de crisis, como sucedió en el 2009 en México, pero a diferencia de una crisis que es transitoria, estos nuevos impuestos y sus efectos son permanentes.

¿Las “tienditas de la esquina” ganaron terreno? No. La realidad es que un 52% de lo que se vende en la “tiendita de la esquina” paga los nuevos impuestos, lo que afectó a los principales compradores de las tienditas: los niveles socioeconómicos medios y bajos. Tampoco fue un buen año para las tienditas, puesto que terminaron vendiendo menos volumen que en 2013. Esto tiene un impacto social importante ya que, según INEGI, más de 600 mil familias dependen de estos negocios para subsistir.

Haciendo un balance, un hogar mexicano promedio con el mismo ingreso de 2013, en 2014 sufrió un fuerte incremento en precios en casi una tercera parte de su canasta básica de compra, lo que generó un alto estrés de gasto en el hogar, con un efecto mayor en los niveles socioeconómicos bajos, los más necesitados del país.

Hoy no podríamos ser concluyentes sobre si esta iniciativa esté resolviendo el problema de obesidad en el país, pero sí podemos decir con seguridad que afectó de manera importante la economía de los hogares mexicanos, especialmente de los niveles socioeconómicos más bajos.

SUSCRÍBETE A LA REVISTA IMPRESA A UN PRECIO ESPECIAL