Por: Pablo Mercado
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Existen cientos de religiones en el mundo, y por mÔs diferentes que afirman ser, todas aseguran que la suya es la verdadera y única. Todas, del mismo modo que las marcas, buscan persuadir, convencer y retener fieles. Para lograr esto las religiones llevan siglos aplicando estrategias de marketing sensorial, basta tomar como ejemplo a la principal religión del mundo con mÔs de 2,300 millones de seguidores: el cristianismo.
MƔs de Pablo Mercado:
El poder emocional de la mĆŗsica
La experiencia del Sabor
La iglesia católica es la iglesia cristiana mÔs grande e importante del mundo y entre las estrategias sensoriales que utiliza se encuentra:
Vista: La vestimenta de los padres, monjas, sacerdotes, curas, acólitos y el papa. El vestido de novia y el ropón para el bautismo, el misal, la arquitectura de las iglesias, capillas y templos. Todas las esculturas e imĆ”genes de santos, vĆrgenes y cristos.
OĆdo: Los órganos, cantos religiosos y rezos.
Olfato: El incienso, velas y ese olor caracterĆstico que existe en todos los templos.
Tacto: El agua bendita, el rosario y la seƱal de la cruz, mejor conocida como acto de persignar.
Gusto: La ostia y el vino.
Todo esto sin mencionar los rituales, historias y tradiciones que existen alrededor de una misa, un santo o hasta de las mismas iglesias. Las marcas que han sabido explotar este tipo de estrategias se han convertido en lĆderes del mercado. Tal es el caso de Apple, marca que desde mi punto de vista a sabido replicar la estrategia católica a la perfección.
Cuentan con un sĆmbolo: la manzana; un lĆder que ahora paso a ser una historia y se puede decir que hasta una leyenda: Steve Jobs; la vestimenta del lĆder: el suĆ©ter negro y jeans caracterĆsticos de Jobs. Un templo principal: las oficinas centrales en Cupertino, California; capillas o iglesias icónicas por todo el mundo: como la tienda Apple en la quinta avenida de Nueva York, y ademĆ”s cuenta con millones de seguidores, clientes que pasaron de ser simples consumidores a fieles apóstoles de la marca.
Apple al igual que la iglesia, ha sabido explotar cada uno de los sentidos en su estrategia de marketing, desde el diseƱo caracterĆstico de sus productos, hasta el aroma que se desprende cada vez que abrimos uno de sus empaques. A la marca sólo le falta incorporar el sentido del gusto en su estrategia, pero al ritmo que va, no me sorprenderĆa que en algunos aƱos encuentre la manera de hacerlo.
Con este texto no pretendo declararme a favor ni en contra de ninguna religión y mucho menos quiero criticar las creencias de los lectores, lo que busco que es hacer notar que cada vez son mÔs las marcas que imitan a la religión, quizÔ por que se han dado cuenta de que aunque la sociedad cambia constantemente, siempre existirÔ esa necesidad de creer en algo.













