Ya ganó el candidato, ¿y ahora qué?
Por Jaime Torres Fidalgo

Pero tomemos el caso del candidato ganador. Un buen asesor de campaña, sabe que todo ese esfuerzo de comunicación no termina con el día de las elecciones políticas (o días antes, por reglamentación). Va mucho más allá, si ya se hizo una gran inversión y trabajo en comunicar una imagen y promesas, ahora es preciso dar continuidad a esa estrategia.
Los compromisos de campaña se deben cumplir, pero de nada servirá, si no se comunican. La gente debe saber que el candidato cumplió con su palabra, algo poco común en la política de nuestro país. Pero también está otro factor: el personaje. La gente ya no cree en los partidos políticos. En algunas regiones pueden gobernar bien y en otras fatal, así que indicar si un partido es bueno o malo, es realmente subjetivo.
Lo que realmente importa es el personaje, quien gobierna. Nuestra historia inmortaliza o recrimina a los actores políticos y no a sus partidos. Tiene éxito el gobernante que se acerca al pueblo, que conoce sus necesidades y resuelve sus problemas (o que aparenta hacerlo). No hay colores, pero si apariencias. Hay quienes hasta han ganado una elección por su físico (increíble, pero cierto, un partido político sigue usando esa estrategia). Importa ahora lo que ellos comuniquen, cómo lo comunican y qué comunican física y verbalmente
En la columna pasada indicábamos que la mejor campaña política es la que se fundamenta en hechos, de las promesas ya estamos ahogados. Y la gente se acuerda de las acciones de los gobernantes, no del partido. Entonces es preciso crearle una imagen pública, una personalidad, una actitud. Fox no se puso botas y sombrero durante su campaña porque así sea, o quizá si, pero su imagen bien estudiada, populachera y cercana al pueblo fue la que triunfó, no sus aptitudes políticas (que no estoy juzgando). Mismo caso con otros gobernantes. La imagen lo dice todo, y hace mucho más.
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