Cada año, cuando comienza la temporada de lluvias, la misma escena se repite en Ciudad de México: avenidas anegadas, autos varados, estaciones del Metro cerradas, y ciudadanos preguntándose por qué, en pleno siglo XXI, la capital se inunda como si viviéramos en la Edad Media.
La respuesta tiene dos componentes clave: la antigüedad del sistema de drenaje y la sobrecarga que sufre cada temporada de lluvias. Aquí te explicamos, de forma práctica, qué tan viejo es el drenaje de la ciudad y por qué ya no da abasto.
¿Qué tan antiguo es el drenaje de Ciudad de México?
El drenaje actual es el resultado de más de 600 años de obras hidráulicas acumuladas, muchas de las cuales siguen en operación o influencian el sistema moderno. Estos son los hitos más importantes:
- 1449 – Albarradón de Nezahualcóyotl: Primer intento formal por controlar las aguas del Valle de México, a petición de Moctezuma, para proteger Tenochtitlan de las inundaciones.
- Tajo de Nochistongo (1607 – 1781): Zanja construida para sacar el agua del valle y prevenir inundaciones. Fue un precursor del Gran Canal del Desagüe.
- Gran Canal del Desagüe (iniciado en 1856 e inaugurado en 1900): Obra clave para desviar las aguas negras fuera del Valle. Todavía forma parte del sistema actual.
- Drenaje Profundo (inaugurado en 1975): Red subterránea de túneles a gran profundidad para manejar agua de lluvia y aguas negras. Es el núcleo del sistema moderno.
- Túnel Emisor Oriente (inaugurado parcialmente en 2019): Uno de los más grandes del mundo, con 62 km de longitud, que apoya al drenaje profundo cuando este ya no da más.
En resumen, el sistema de drenaje de la ciudad no es una sola red moderna, sino una mezcla de obras de distintos siglos, que fueron adaptadas, parchadas y extendidas sobre la marcha. Algunas partes tienen más de 100 años.
¿Por qué revienta el drenaje en temporada de lluvias?
A pesar de su historia e ingeniería, el sistema colapsa durante las lluvias por una combinación de cinco factores principales:
1. Exceso de agua
El Valle de México no tiene una salida natural al mar. Todo el desagüe depende de túneles, bombas, gravedad artificial y drenajes que luchan por desalojar millones de litros por segundo. Cuando llueve demasiado, el sistema simplemente no tiene por dónde sacar más agua.
2. Infraestructura insuficiente o antigua
Muchos ductos y canales fueron diseñados para una ciudad mucho más pequeña. La Ciudad de México de hoy es 20 veces más grande que cuando se construyó el drenaje profundo. Hay tramos viejos, deteriorados y mal conectados con sistemas más nuevos.
3. Hundimiento del suelo
Cada año, la ciudad se hunde entre 4 y 30 cm, especialmente en zonas como Iztapalapa. Eso hace que las pendientes necesarias para que el agua fluya se pierdan, y el drenaje deje de funcionar por gravedad. En palabras simples: el agua ya no sabe para dónde ir.
4. Basura y obstrucciones
Miles de toneladas de basura —sí, colchones, botellas, grasa y plástico— se tiran cada año al drenaje. Esa basura tapa coladeras, colectores y bombas, y provoca que el agua se acumule.
5. Cambio climático
Las lluvias ahora son más intensas y concentradas. Lo que antes caía en una semana, ahora cae en una hora. Esto rebasa cualquier sistema, por moderno que sea.
¿Qué se está haciendo y qué podemos hacer?
El gobierno y especialistas han implementado soluciones como:
- Nuevos túneles (como el Emisor Oriente)
- Lagos de regulación que almacenan el agua temporalmente
- Programas de desazolve y limpieza de drenajes
- Obras de captación pluvial
Sin embargo, la clave está en la prevención y el rediseño de fondo. Mientras tanto, como ciudadanos podemos ayudar:
- No tirar basura en la calle ni en el drenaje
- Evitar conectarse ilegalmente a la red de aguas pluviales
- Reportar coladeras tapadas o fugas de agua
- Participar en programas de captación de lluvia
Drenaje en CDMX y lo que nos espera en el futuro
El drenaje de la Ciudad de México tiene raíces prehispánicas, tramos virreinales y partes modernas, pero el problema de fondo sigue siendo el mismo desde hace siglos: vivimos en un lago que no quiere secarse.
Hoy, más que nunca, necesitamos entender que no se trata solo de infraestructura, sino de una relación entre ciudad y naturaleza. Si no adaptamos el sistema (y nuestros hábitos) al nuevo clima y a la magnitud de esta metrópoli, las inundaciones seguirán siendo parte de la rutina… cada vez más intensas.
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