Squid Game y su relación con el sistema capitalista

juego del calamar 3 estreno jugador 456 quien es
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El fenómeno coreano que sacudió a Netflix también expone una crítica profunda al sistema económico global.

“El juego del calamar” (Squid Game) es una serie surcoreana de tres temporadas transmitida por Netflix, cuyo estreno ocurrió en septiembre de 2021. El protagonista, Seong Gi-Hun, tambiĆ©n conocido como el ā€œJugador 456ā€, es un apostador endeudado que decide participar en unos juegos inspirados en dinĆ”micas infantiles de Corea del Sur. En ellos, personas desesperadas arriesgan su vida por la oportunidad de ganar 35 millones de dólares, premio destinado al Ćŗltimo sobreviviente. En la primera temporada, Seong Gi-Hun resulta ser el ganador.

Durante las temporadas siguientes, Seong intenta desmantelar los juegos, enfrentÔndose con coraje a un sistema marcado por la injusticia y el egoísmo. Sin embargo, su misión fracasa y pierde la vida en el proceso.

La serie se convirtió en un fenómeno global. En tan solo tres meses alcanzó mÔs de 261.1 millones de visualizaciones, rompiendo récords en la plataforma y posicionÔndose como la serie mÔs vista en la historia de Netflix. Su impacto fue tal que generó eventos para fans en mÔs de 25 países, reuniendo a 10 millones de seguidores online y 273,000 personas de forma presencial.

Incluso fuera de la televisión, el fenómeno tuvo eco. El youtuber estadounidense MrBeast, uno de los creadores de contenido con mÔs suscriptores en el mundo (414 millones), recreó los juegos de Squid Game con 456 participantes reales que compitieron por 456,000 dólares. El video, que replicó fielmente las dinÔmicas y escenografías, aunque sin poner vidas en riesgo, suma hoy en 2025 mÔs de 845 millones de visualizaciones.

La serie contiene contenido sensible, incluyendo escenas de violencia explƭcita, lenguaje fuerte, consumo de sustancias y otras acciones no aptas para menores. Por ello, estƔ clasificada como TV-MA (solo para adultos) dentro del catƔlogo de Netflix.

A lo largo de las tres temporadas, Squid Game retrata acciones impulsadas por la avaricia, el egoĆ­smo y la desesperación. Los personajes estĆ”n dispuestos a hacer cualquier cosa por el dinero. Un ejemplo clave es la relación entre los jugadores 222 y 333/MG Coin: antes de entrar a los juegos, Ć©l la abandonó cuando ella estaba embarazada. MG Coin la convenció de invertir en criptomonedas, robĆ”ndole su dinero y generando una fractura irreversible. El jugador 333 se convierte asĆ­ en sĆ­mbolo de la traición, dispuesto a sacrificar a otros –incluso a su propia hija– para enriquecerse.

Otro caso relevante es el de los jugadores 044 y 100, quienes intentan escapar juntos por una puerta que requiere cuatro llaves. Tras una discusión, uno de ellos insulta y menosprecia al otro, lo que desemboca en una traición: lo deja encerrado sin posibilidad de escapar, llevĆ”ndolo a su muerte. Todo esto sucede mientras los invitados VIP –figuras de la clase alta o millonarios– se entretienen con el espectĆ”culo de eliminación.

Este contraste entre quienes observan y quienes compiten plantea una crítica directa: mientras unos pocos con capital disfrutan sin restricciones, otros arriesgan todo por sobrevivir. La serie se convierte así en un espejo del sistema capitalista, donde la desigualdad, el oportunismo y la deshumanización estÔn a la orden del día. Las personas con privilegios viven sin mayores preocupaciones, mientras detrÔs de esa fachada se esconden intereses oscuros y una realidad donde los mÔs vulnerables son usados como entretenimiento o mercancía.

Incluso personajes bien intencionados como Seong (Jugador 456) muestran que, aunque se quiera cambiar el sistema, las estructuras estƔn tan contaminadas por la avaricia que el esfuerzo individual resulta insuficiente. El dinero y los lujos se convierten en el disfraz perfecto de la decadencia moral.

Reflexión final: la serie cuestiona la normalización de deshumanizar a las personas, reduciéndolas a números o cualidades medibles. En Squid Game, los jugadores no tienen identidad, solo cifras. Son objetos de entretenimiento, reemplazables, sin valor humano. El mensaje es claro: en un sistema gobernado por el capital, lo que eres no importa, solo importan tus números.

 

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