La época decembrina es de mucha calidez y de hartos gastos. Es el mes para darnos vuelo en todo. Vemos amigos que no vemos frecuentemente, comemos como si no hubiera mañana, queremos darle regalos a todos, tomamos en cada reunión y planeamos vacaciones para pasar con la familia. Además, tenemos que estar preparados, porque todos los que están fuera del país, seguramente regresan a ver a la familia y a “hacer tierra”.

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Y no me dejarán mentir: en cada reunión se nos hace un hoyo en el bolsillo. Entre cooperaciones, intercambios o cenitas navideñas, nos ganamos la cuesta de enero a pulso. Las marcas saben que traemos dinero y las ad hoc a la temporada toman ventaja.

Coca-Cola con los famosos ositos polares y su inconfundible color rojo que hace perfecto juego con la navidad; Ferrero Rocher con sus árboles dorados y Liverpool con Bolo, su osito, son algunas marcas que se han arraigado en el mercado navideño mexicano. Aunque nos encanta el folklore, algunas tradiciones mexicanas se han ido diluyendo con el paso del tiempo.

Nuestra cultura, esencialmente religiosa, hizo vivir a nuestras familias un diciembre diferente al de años atrás. Si algunos de ustedes recuerdan, nuestros abuelos nos inculcaban visitar a la virgen de Guadalupe el 12 de diciembre en la basílica. Se hacían peregrinaciones en las escuelas y las empresas. Comprábamos caramelos y colaciones para las posadas, donde por cierto, cantábamos en grupos la historia de María y José pidiendo asilo para tener a su bebé y quebrábamos la piñata colorida llena de cacahuates.

Igualmente, era obligatorio ir a “misa de gallo”, una celebración en la iglesia a las 12 am de la Nochebuena y rezar el rosario en casa junto con toda la familia para después pasar al banquete y abrir los regalos.

¿Realmente seguimos haciendo eso? Las nuevas generaciones (y me incluyo porque estamos chavos) hacemos “posadas” por un tema social más que por su significado de origen. Lo mismo con la navidad.

El punto de enfoque en shopper son los insights que acompañan a estos cambios generacionales. Ya no nos estamos dirigiendo a generaciones pasadas. Hacer contacto con el nuevo mercado es hablar de gente que se desespera porque en estas fechas las líneas de celular están saturadas y no salen sus mensajes de whatsapp, que se auto regala una Tablet.

Así que cualquiera que sea el producto que queramos vender, pensemos en regresar al plano emocional.
Si hoy en día la gente busca pretextos para socializar, es porque vivimos en una sociedad muy individualista y por naturaleza no somos así. Nuestra vida cotidiana nos ha llevado a siempre andar con prisas, a no tener tiempo ni para nosotros. Conforme pasa el tiempo, nos sentimos necesitados de afecto, de alguien que nos saque de la burbuja estresante en la que vivimos diario.

Notemos la estrategia de las marcas fuertes y analicemos los simbolismos. Más que un tema ligado al “Polo Norte”, donde vive Santa Claus, un oso significa un abrazo. Los colores de la navidad nos recuerdan la ilusión de creer que alguien, en efecto, notaba lo bien que hicimos las cosas todo el año.

Diciembre, con sus fiestas y posadas, es un clásico que nos recuerda que debemos regresar a las bases humanas. A las emociones.
Si somos capaces de reconocer esto, ¡estamos del otro lado con el shopper! Y si estamos con el shopper, las ventas estarán con nosotros.

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