La historia de los mundiales de futbol – Argentina 1978

Argentina 1978 - Timbre postal de Hungría vs. Argentina para la Copa del Mundo. Foto: Bigstock.
Argentina 1978 - Timbre postal de Hungría vs. Argentina para la Copa del Mundo. Foto: Bigstock.

Por Germán Rivera, CFO de Grupo de Comunicación Kätedra

Germán Rivera, CFO Grupo de Comunicación Kätedra
Germán Rivera, CFO Grupo de Comunicación Kätedra

Estamos a poco más de 200 días del inicio de otro mundial de futbol, y con ello la pasión por ver coronarse a tu selección favorita se incrementa. Será esta vez un mundial con tres sedes alternas: Canadá, Estados Unidos y México serán los países anfitriones y tendrán una gran ventaja para avanzar una o dos rondas más si saben aprovechar el impulso de la localía.

Por lo pronto, haremos un recorrido por diversos mundiales y su trascendencia histórica en cuanto a la aportación cultural, política y deportiva. Iniciaremos dando paso al mundial de Argentina 78, que es el primero que viví con pasión y del que recuerdo grandes anécdotas.

En México teníamos enorme esperanza con una selección nacional que contaba con magníficos jugadores como Hugo Sánchez, Leonardo Cuéllar, el “Gonini” Vázquez Ayala, Pilar Reyes, Pedro Soto, López Zarza, Alfredo Tena, Cristóbal Ortega y Antonio de la Torre, todos ellos dirigidos por el gran José Antonio Roca. Al final, una selección que se llevó 12 goles y tan solo dos anotados, más una anécdota que quiero compartir, como símbolo de la mediocridad que nos representó.

Recuerdo que al medio tiempo, Alemania le ganaba 3-0 a México y José Pilar Reyes, portero titular, se lesionó, por lo que tuvo que salir del encuentro y su lugar fue ocupado por Pedro Soto. Terminó el partido y, en los vestidores del estadio, donde no había televisiones, Pilar Reyes se topa con Pedro Soto y le pregunta por el resultado. Pedro Soto le dice que empataron, lo cual sorprende enormemente a Pilar Reyes, que le pregunta cómo lograron semejante hazaña. Pedro Soto responde: “Pues sí, José, empatamos porque a ti te metieron tres goles y a mí otros tres”. Con esa mentalidad, la selección nacional no iba para ningún lado.

Ahora vamos a hablar del surgimiento de una potencia futbolística que aprovechó cabalmente su papel de anfitrión para desarrollar un futbol y jugadores de magnífica calidad, y que pronto comenzó a exportar talento a las mejores ligas del mundo.

Tengo muy presente el recuerdo del Monumental de River repleto, cubierto de papeles cada vez que jugaba la selección argentina; una pasión desbordada por el futbol que en pocos lugares se puede ver. Con tantos problemas políticos que atravesaba Argentina como país, el desahogo para la población era el futbol, un espacio donde por 90 minutos podían olvidarse del clima represivo que se vivía bajo una de las dictaduras más oscuras de su historia.

Vienen a mi mente los nombres del Matador Kempes, Fillol, Passarella, Tarantini, Larrosa, Leopoldo Luque, Ardiles, Ricardo Antonio La Volpe, Bertoni, Gallego y Houseman, todos ellos comandados por el recién fallecido César Luis Menotti, quien incluso dejó fuera a uno de los mejores jugadores de todos los tiempos: Diego Armando Maradona.

Después de un dudoso 6-0 que Argentina le propinó a Perú, resultado que dejó fuera a Brasil por diferencia de goles, se disputó una de las finales más dramáticas en la historia de los mundiales, donde Argentina derrotó a Holanda por 3 goles a 1 en tiempo suplementario.

A los 38 minutos del primer tiempo, el Matador Kempes anotó el gol que le daba ventaja a Argentina y la multitud que abarrotaba el Monumental estaba eufórica. Sin embargo, la Naranja Mecánica no bajó los brazos y, en el minuto 81, Nanninga marcó el gol del empate que mandó el partido al tiempo extra.

Holanda, aun sin el legendario Johan Cruyff, tuvo al menos dos oportunidades claras de anotar en el tiempo suplementario, y bien dicen que las ocasiones que se fallan tarde o temprano pasan factura. Así fue: al minuto 115, Kempes, en una jugada riñonuda, anotó el gol que le daba la ventaja a Argentina y que a la postre significaría el tanto del campeonato. Bertoni todavía anotó el 3-1 para sellar el triunfo que le daría a Argentina su primer título mundial.

Lo que dejó el Mundial de 1978 fue el primer campeonato del mundo para Argentina y una base de jugadores de primera categoría que brillarían con luz propia en las ligas más importantes del planeta. Para muchos, ese equipo y ese título marcaron el inicio de la identidad futbolística moderna de Argentina: un estilo aguerrido, técnico y apasionado.

En cuanto al legado cultural y político, el Mundial de 1978 sirvió para ocultar las desapariciones forzadas que estaba llevando a cabo la dictadura militar comandada por el general Jorge Rafael Videla. Su gobierno pagó grandes cantidades de dinero a agencias de relaciones públicas para difundir opiniones favorables y mejorar su imagen ante el mundo, aprovechando que millones de ojos estarían puestos en la justa mundialista. La alegría futbolera convivió con el dolor silenciado de miles de familias, dejando una herida que con los años se ha vuelto imposible de ignorar.

Aun así, el futbol dejó su propia huella: un país unido en torno a un balón, un estadio que se convirtió en símbolo de resistencia y celebración, y una selección que comenzó a escribir una historia que, con el tiempo, la colocaría entre las potencias futbolísticas más grandes del mundo.

 

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