El tamal es mucho más que un alimento típico. Es tradición, memoria colectiva y uno de los pilares de la gastronomía mexicana. Presente en desayunos familiares y celebraciones, este platillo de origen prehispánico sigue despertando una pregunta frecuente: ¿es saludable comer tamales?
De acuerdo con el nutriólogo Jorge Octavio Acosta Montes, egresado de la Universidad Autónoma de Chihuahua (UACH), la respuesta depende menos del tamal en sí y más de cómo se prepara y se consume. Según el especialista, la base del platillo tiene cualidades nutricionales importantes que a menudo se pasan por alto.
El valor nutricional de la masa
En primer lugar, Acosta explica que la masa de maíz nixtamalizado es un alimento con beneficios comprobados. Este proceso ancestral mejora la absorción de nutrientes esenciales como el calcio y la niacina, una vitamina del complejo B fundamental para el sistema nervioso.
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Además, el maíz aporta fibra, antioxidantes y almidón resistente. Este último actúa como una fibra no digerible que favorece la salud intestinal y la microbiota. Por ello, desde el punto de vista nutricional, la base del tamal no representa un problema.
Cuando el tamal deja de ser saludable
Sin embargo, el panorama cambia con los ingredientes añadidos. El uso excesivo de manteca de cerdo, sal y rellenos altos en grasa modifica por completo su perfil nutricional. En consecuencia, el tamal deja de clasificarse solo como cereal y pasa a considerarse un alimento con alto contenido graso.
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Para dimensionarlo, una porción pequeña de masa, de aproximadamente 40 gramos, aporta calorías similares a una tortilla de maíz. No obstante, al consumir un tamal completo, la cantidad de grasas y carbohidratos se incrementa de forma considerable dentro de una sola comida.
Un alimento energético, pero no cotidiano
A pesar de estas advertencias, los especialistas coinciden en que el tamal no carece de virtudes. De hecho, es una fuente relativamente completa de macronutrientes, ya que combina carbohidratos, proteínas y grasas. Por esta razón, históricamente ha sido un alimento energético y funcional.
No obstante, instituciones como la Procuraduría Federal del Consumidor advierten que un tamal tradicional puede aportar una parte significativa de las calorías recomendadas para una comida principal, especialmente si se acompaña con bebidas azucaradas.
El papel de las grasas saturadas
Otro punto relevante es el tipo de grasa que se utiliza. La Asociación Americana del Corazón señala que las grasas saturadas, presentes principalmente en la manteca, pueden elevar el colesterol LDL si se consumen con frecuencia. Por ello, los estándares internacionales recomiendan que su consumo sea limitado.
Recomendaciones para un consumo más saludable
Ante este escenario, los expertos no sugieren eliminar los tamales, sino consumirlos con moderación. Entre las principales recomendaciones destacan:
- Recalentarlos al vapor, en comal o en microondas, evitando freírlos.
- Acompañarlos con agua natural o infusiones sin azúcar.
- Incluir verduras frescas para equilibrar la comida.
- Reservarlos para ocasiones especiales y cuidar la porción.
Un veredicto equilibrado
En conclusión, el tamal no es un enemigo de la alimentación saludable. Consumido con conciencia y moderación, puede formar parte de una dieta equilibrada. Así, es posible disfrutar de una tradición profundamente arraigada en la cultura mexicana sin comprometer la salud.
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