El estilo de vida de John F. Kennedy siempre estuvo rodeado de sofisticación. Miembro de la aristocracia de Boston, su figura encajaba con la imagen del bon vivant de mediados del siglo XX. Por eso, muchos pensarían que su bebida predilecta era el champán. Y sí, lo era… pero no la única.
Entre champán, cócteles… y cerveza
Kennedy disfrutaba del champán en eventos sociales. De hecho, el periodista Benjamin Bradlee relató que la única vez que lo vio ebrio fue en una fiesta en la Casa Blanca, donde incluso roció la sala con esta bebida.
Además, los cócteles también formaban parte de su repertorio. El presidente consumía tanto Bloody Marys como daiquiris. Sin embargo, había una elección que rompía con esa imagen elegante: la cerveza.
Su favorita era la marca holandesa Heineken.
Una elección poco común en su época
Hoy puede parecer una cerveza más dentro del mercado global. No obstante, en los años 50 y 60, beber Heineken en Estados Unidos era algo distinto.
En ese momento, no existía la cultura de la cerveza artesanal. Por ello, las cervezas europeas, especialmente las de botella verde, eran vistas como productos exclusivos. Representaban un gusto refinado y cosmopolita.
Así, la elección de Kennedy encajaba con su perfil internacional. Era el tipo de bebida que uno esperaría encontrar en reuniones privadas dentro de la Casa Blanca.
El contexto cervecero de la época
Mientras Kennedy prefería una cerveza importada, el mercado estadounidense estaba dominado por marcas locales. Aun así, su gusto ayudó a reforzar la imagen de las cervezas europeas como productos de prestigio.
Curiosamente, su sucesor, Lyndon B. Johnson, tenía un perfil distinto. Él prefería la cerveza Pearl, producida en Texas, mucho más alineada con el consumo nacional.
El detalle de la botella verde
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gusto desagradable si se expone demasiado tiempo.
A pesar de ello, la marca ha mantenido este diseño. La razón es simple: el color verde se ha convertido en parte esencial de su identidad.
Un gusto que refleja una época
El consumo de Heineken por parte de John F. Kennedy no fue solo una preferencia personal. También refleja un momento histórico en el que lo internacional comenzaba a ganar terreno en Estados Unidos.
En ese contexto, elegir una cerveza importada era más que una decisión casual. Era una señal de estilo, apertura y modernidad.
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