El cuerpo sedentario: cuando el trabajo nos pasa factura en silencio

Mariana Chávez Novelo, columnista en InformaBTL

A veces pensamos que las lesiones laborales son exclusivas de quienes cargan cajas pesadas o manejan maquinaria peligrosa. Sin embargo, la realidad que vemos a diario en las empresas es muy distinta. El cuerpo humano no está diseñado para la quietud absoluta frente a una pantalla, ni tampoco para repetir el mismo movimiento miles de veces al día. De forma casi invisible, el entorno laboral puede convertirse en el origen de dolencias que, si no frenamos a tiempo, terminan dictando nuestra calidad de vida.

Los problemas más comunes hoy en día son los que llaman trastornos musculoesqueléticos. Suenan complejos, pero en el día a día se traducen en ese dolor lumbar que no te deja dormir o esa tensión en el cuello que acaba en dolor de cabeza al final del día. Ya sea por pasar horas de pie o por estar mal sentados, nuestra espalda y articulaciones son las primeras en levantar la mano para avisar de que algo no va bien.

 

Surgen más trastornos musculoesqueléticos

Luego están esas pequeñas lesiones que llegan por “goteo”. Hablo del síndrome del túnel carpiano o la tendinitis. No aparecen por un golpe seco, sino por la repetición constante: el clic del ratón, el tecleo incesante o el movimiento mecánico en una línea de montaje. Estas lesiones por esfuerzo repetitivo cambian pronto, porque empiezan como un ligero hormigueo y terminan limitando movimientos tan sencillos como abrir un frasco en casa.

Pero el daño no es solo muscular. El sedentarismo y la falta de ergonomía afectan incluso a nuestra circulación y nuestra vista. Y no podemos olvidar que el cuerpo y la mente van de la mano; la fatiga extrema y el agotamiento no solo nos dejan sin energía, sino que tensan nuestros músculos y nos hacen más propensos a sufrir accidentes por falta de concentración.

 

Un nuevo síndrome

El tecnoestrés puede iniciar mientras se aprende a hacer uso de las nuevas tecnologías (inteligencia artificial, software empresarial, bases de datos), ya que muchos trabajadores se ven obligados a adquirir nuevos conocimientos a marchas forzadas, sin cometer errores y bajo la presión de quienes desempeñan cargos superiores, por lo que es común que se experimenten ansiedad, inseguridad y sentimiento de incompetencia. Esto puede desencadenar, aversión hacia las nuevas herramientas (tecnofobia), e incluso solicitar cambio de puesto o deserción en el trabajo.

 

Rumbo a nuevas rutinas saludables

Empezar a tener hábitos saludables puede parecer complicado y la mayoría de las personas se pueden mostrar reticentes al cambio. Sin embargo, se puede empezar poco a poco, e incorporar algunas prácticas que, aunque son muy sencillas, tienen un impacto positivo sobre la salud física y mental. Ofrecer herramientas en el lugar de trabajo para tratar estos síndromes es una gran estrategia y hacerlo mediante prácticas suaves de yoga, breves sesiones de meditación, movilidad a articulaciones en grupo y sesiones de respiración consciente.

Escuchar al cuerpo cuando aparece el primer aviso de cansancio o tensión es la mejor herramienta que tenemos para que el trabajo sea un lugar de desarrollo y no una fuente de desgaste crónico.

¿Qué practica llevas a cabo para tratar el estrés, el cansancio o ese dolor muscular que no es intenso pero que permanece día y noche?

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