El arte de callar

Jaime Torres Fidalgo, Columnista en InformaBTL
Tan importante como saber qué comunicar, es conocer cuándo hacerlo. El ritmo de la comunicación puede transformar tu marca.

Vivimos en una época donde todo el mundo habla mucho, todo el tiempo.

Ruido.

Saturación.

Exceso de información.

Disipación. Olvido.

Las marcas compiten por atención, por tu conversación, por ser relevantes.

En este contexto hiperconectado, es fácil caer en la frecuente trampa: “para que nuestra marca sea vista, debe comunicar constantemente, todos los días, todo el tiempo”. Pero lo cierto es que, incluso cuando callamos, comunicamos. Y a veces, ese silencio dice mucho más que una estrategia que en todo momento quiere comunicar.

Mi intención es provocar una reflexión estratégica: ¿qué está comunicando tu marca cuando habla mucho y no tiene mucho que decir? ¿Qué lectura hace tu audiencia cuando está en silencio?

El silencio es un lenguaje. No decir nada es también decir algo. La cuestión es: ¿cuándo el silencio es positivo y cuándo se percibe como una falta de acción? ¿Tenemos realmente temas relevantes para justificar una comunicación constante?

¿Estás comunicando cuando realmente importa? ¿Estás respetando los ritmos de tu industria, de tu audiencia, de tu propósito? ¿O estás diluyendo tu mensaje entre miles de publicaciones sin peso, sin pausa, sin dirección?

“Si no tienes algo bueno que decir, deja que hable el silencio.”

Provervio árabe.

En un entorno de mensajes constantes y acelerados, la falta de pausa puede ser tan perjudicial como el silencio absoluto.

 

El falso mito de “más es mejor”

Muchos líderes aún operan bajo una lógica desgastante: entre más publicamos, más presencia tenemos. Y aunque es cierto que la visibilidad importa, también lo es que una marca que habla todo el tiempo sin un ritmo ni temporalidad adecuada pierde poder, pierde impacto y termina sonando como ruido de fondo.

En lugar de buscar la omnipresencia, es más estratégico diseñar una comunicación con ritmo y propósito, saber cuándo aparecer y cuándo dar espacio.

La temporalidad (adaptada al calendario de la industria, al comportamiento del consumidor y a los contextos sociales) es clave para no perder fuerza.

De acuerdo con la escritora y estratega de contenido Ann Handley: “No se trata de crear más contenido, sino de crear el contenido correcto en el momento correcto.”

 

Las capas del exceso

Aceptémoslo: no todos los mensajes son relevantes. En el terreno de la comunicación de marca, hay al menos cinco riesgos de difundir en todo momento, sin estrategia:

1. Desgastar el mensaje:

Cuando siempre estás diciendo algo, nada destaca. Pierdes la capacidad de sorprender, de provocar, de diferenciarte. La información se vuelve un ligero ruidito constante que etiquetamos como spam.

2. Desconectarse del ritmo de tu mercado:

Las industrias tienen temporalidades, estacionalidades, lanzamientos, ciclos propios. Hablar fuera de esos ritmos es como lanzar fuegos artificiales al mediodía de un lunes cualquiera: nadie los ve. Coincidir con los períodos fuertes de difusión de tu competencia, también te resta impacto (a menos que lo uses a tu favor y tu amplificación sea mucho mayor, claro).

3. Perder relevancia:

El exceso de mensajes genéricos o irrelevantes entierra a los que sí importan. Y tu audiencia deja de prestarte atención.

4. Fatigar a tu audiencia:

Publicar constantemente sin aportar valor genera saturación, punto. Tu comunidad se cansa, se desconecta y al no ver solo mensajes que verdaderamente generen interés y le sean útiles, inconscientemente los colocará en el cajón de la irrelevancia.

5. Drenar internamente:

La afectación no solo es hacia el exterior. Los equipos de marketing presionados para publicar sin pausa y privilegiar la cantidad sobre la calidad, pierden claridad, creatividad y motivación. Se vuelve una tarea mecánica y desgastante.

 

El filtro: pregúntate antes de comunicar

  1. ¿Lo que voy a decir es importante en este momento?
  2. ¿Está alineado a la temporalidad de mi sector o a un período clave para mis objetivos?
  3. ¿Mi audiencia necesita escuchar esto o ya voy tarde? (esto es muy común al tratar de retomar trending topics sin tener una respuesta ágil)
  4. ¿Qué pasaría si no lo digo? ¿Se perdería algo realmente relevante?

Cuando las respuestas a estas preguntas son claras, la comunicación se vuelve intencional, enfocada y poderosa.

 

Algunos ejemplos por industria

Cine

Las grandes distribuidoras (y también productoras) tienen un calendario muy específico para el lanzamiento de sus películas durante el año. Incluso, durante el breve período de comunicación que tiene una película, hay diferentes etapas, un calentamiento previo, un climax y un período de refuerzo, así como los lanzamientos por canal (cine, streaming, televisión). Su ritmo es tan claro, que la audiencia lo anticipa y espera la película o serie con ansia.

Supermercados

Un claro ejemplo de temporalidad de enfoque es “Julio Regalado”, pero también hay estacionalidades clave como navidad, e incluso días especiales de la semana para ciertos tipos de productos, como los miércoles de frutas y verduras o el viernes de carnes y embutidos.

Turismo

En esta industria, las temporalidades bajas son clave para comunicar, las altas para operar. Generalmente, la venta (y por tanto, su comunicación) anticipada es fundamental. Por ello, suelen publicar tarifas bajas e importantes descuentos. Pero cuando se requiere impulsar vuelos, paquetes o estancias de último minuto, el tiempo y rapidez de ejecución, también juegan papeles fundamentales.

 

Cómo comunicar con ritmo (y eficacia)

1. Diseña un calendario editorial con temporalidades clave

Planifica tus historias del año. ¿Qué quieres decir en cada trimestre? ¿En qué fechas importa aparecer? ¿Qué eventos o cambios debes aprovechar? ¿Por qué en esas fechas y no en otras? ¿Cuánto durará cada período?

2. Respeta los ritmos de tu industria (o tus ritmos estratégicos)

En mis años dentro de la aviación, la estrategia era comunicar cuando la competencia no lo hacía y el mercado no estaba de vacaciones. En turismo, si comunicas cuando la gente está de viaje, ya estás tarde y no podrás competir con la playa y su piña colada.

3. Apóyate en la pausa estratégica

A veces, el silencio entre publicaciones es un espacio ideal, que permite que un gran mensaje resuene más fuerte.

4. Optimiza antes que multiplicar

Mejorar el contenido que ya tienes o adaptarlo a otros formatos, puede ser mucho más efectivo que generar continuamente mensajes sin enfoque ni dirección. Tu comunicación debe ser como un rayo láser: pecisa y adaptada al medio.

5. Escucha antes de hablar

Lo he dicho en mis columnas anteriores y su importancia amerita repetirlo ahora: la escucha activa es la base de una comunicación acertada. Primero conoce, invistiga, escucha. Después, habla cuando tengas algo que aporte, no cuando tu competencia o la corriente te presione.

En este mundo saturado de estímulos, las marcas que saben cuándo hablar y cuándo esperar son las que verdaderamente capturan la atención y construyen confianza.

En resumen, se trata de encontrar un ritmo saludable, enfocado y relevante, donde cada publicación tenga un propósito, y donde la pausa también sea parte del mensaje.

¿Quieres saber si tu marca está comunicando con ritmo o simplemente hablando sin dirección? Escríbeme: torresfidalgo.com

 

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