Cuestión de ego
Por Joan Alvares Lamarca*

Hasta hoy. Hoy me he dado cuenta que ya no puedo vivir eternamente de mi anterior atractivo. Que, para conquistar a un consumidor, tengo que ser más cercana: hablarle a la cara, mirarle a los ojos. Que tengo que hacerle sentir único. Que debo pasar más rato con él. Que no basta con que él me escuche, sino que también debo escucharle. Que no basta con que él me desee, sino que debo demostrarle diariamente que yo también le deseo. Que, en definitiva, tengo que volver a ser humilde. Y que, por más que me cueste, debo aceptar que en este nuevo escaparate que es Internet, algunos hablen mal de mí sin que yo pueda silenciarlos.
Me siento bien. Hoy he conocido a mi consumidor ideal.
Una marca enamorada.
*e-mail: [email protected]








