Cuestión de ego

Por Joan Alvares Lamarca*

foto-joan-2.jpgMe he pasado décadas enamorando a miles de consumidores. Por eso en estos últimos años, cada vez que sentí­a que éstos ya no me hací­an caso (o que no me hací­an el debido caso) me sentí­a impotente, frustrada, desorientada. No entendí­a nada. No, porque seguí­a confiando ciegamente en mi encanto, aquel que antaño me permití­a enamorar a quien me proponí­a . De un tiempo a esta parte, cada vez que me veí­a una arruga, que me descubrí­a una nueva cana, me autorrepetí­a cien veces aquello de que la “experiencia es un grado” para convencerme que podí­a seguir conquistando a cualquiera. Incluso a los más jóvenes.

Hasta hoy. Hoy me he dado cuenta que ya no puedo vivir eternamente de mi anterior atractivo. Que, para conquistar a un consumidor, tengo que ser más cercana: hablarle a la cara, mirarle a los ojos. Que tengo que hacerle sentir único. Que debo pasar más rato con él. Que no basta con que él me escuche, sino que también debo escucharle. Que no basta con que él me desee, sino que debo demostrarle diariamente que yo también le deseo. Que, en definitiva, tengo que volver a ser humilde. Y que, por más que me cueste, debo aceptar que en este nuevo escaparate que es Internet, algunos hablen mal de mí­ sin que yo pueda silenciarlos.

Me siento bien. Hoy he conocido a mi consumidor ideal.

Una marca enamorada.

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